6 de julio / Brasil día a día / 8 de julio

Cinta-Brasil-2014

Por Juan Pablo Zebadúa

Ya con la nostalgia a cuestas por el ya cercano final del Mundial, queda hacer una reflexión en el límite de lo que se pensó sería un campeonato lleno de sorpresas. Y para nada. Llegan los mismos de siempre, que disputarán la gloria de ser festejados como los mejores del planeta. ¿En aras de que proverbial historia llena de presagios y misterios sobresalen los mismos equipos que, sin jugar nada, están repletos de sortilegios y de esa consabida suerte del ganador en turno?

Da coraje, faltaba más. Porque en esencia, la Copa del mundo es quizá uno de los pocos espacios donde se vale la fantasía de que uno puede ser mejor que cualquiera, así sea una nación poderosa y desarrollada en contra de nuestro tercermundismo que no acepta aún su rezagada forma de ser y de entrar, por fin, a la ansiada historia de los ganadores.

Y es que México, Colombia y Costa Rica jugaron mejor, mucho mejor, a lo largo del torneo, que los equipos a los que se enfrentó. Pero algo pasa que no se agigantan los pequeños o, lo que es lo mismo, esa idea de enfrentar los terribles miedos que nos acechan cada vez que pisamos un césped que nunca ha sido del todo nuestro. Decía mi amigo y colega, Ángel Cabrera, que lo que pesa es el miedo a la camiseta de enfrente, que es decir, a la historia que nos golpea sin misericordia cuando nos enfrentamos a Holanda, Brasil o cualquier otro cuadro de espectacular pedigrí. Tiene razón: México doblegó todo el partido a Holanda, pero en dos minutos tácticamente dejó ir la victoria; Colombia tuvo, con mucho, mejores jugadores (sí, en efecto, leyeron bien: mejores jugadores) y mejor fútbol que el Scratch do ouro; y Costa Rica fue el equipo que, quizá, mejor despliegue ofensivo tuvo en la primera fase del Mundial.

Pero al final la inmensa soledad que rodea a los jugadores que no son potencia futbolística cava duro en sus corazones aun sin curtir por la historia que les precede. México no supo “amarrar” su triunfo; Colombia, pensando en que ya eran campeones del mundo, recibe un gol tempranero que desquebrajó el excelente parado de la oncena que mejor estilo tuvo de entre todos los equipos. Y no supo reaccionar más que con el ímpetu que caracteriza a quienes tienen prisa por cumplir el trámite, necesario y mentalmente agotador, de enfrentarse al pentacampeón del mundo. Cero paciencia y nula inteligencia para jugarle a la verdeamarela. Y Costa Rica, de quienes esperábamos mucho, y a la hora de la verdad, daba la impresión de que se conformaban con lo logrado y, sin nada que perder, pero tampoco nada que ganar, salieron a la cancha temerosos, timoratos, sin ninguna capacidad ofensiva, como si el miedo de saberse por un día ganadores de algo les quitara toda fuerza a la hora fatídica del calor y la angustia que los llevó a los tiempos extras.

Apostarle a los penaltis es como suicidarse esperando que la pistola no esté cargada. Con Kéylor Navas soportando cualquier embate venido de todos los infiernos de los Países Bajos, la cosa no pintaba bien. Aún con uno de los mejores porteros del mundo, la realidad es cruenta cuando te enfrentas a quienes han doblegado el Mar del Norte mediante eficaces diques, sabiendo que desde luego sí funcionarán porque se han preparado todo el tiempo para tal empresa. Si Costa Rica habría de tener al mejor arquero del Mundial, mejor sacar el as de la manga y poner a un especialista, nada más y nada menos, en parar penaltis. Ante la adversidad, mejor poner inteligencia y raciocinio. Ante la fuerza de la emoción, nunca, pero nunca perder la cabeza.

Parece cuento de terror. ¿Cuántas veces no perdimos el habla cuando se fallaba un penal en un Mundial? ¿Millones? Hace eones de tiempo que sucede en México, y pasó lo mismo con Colombia y Costa Rica. ¡Ah que parecido tan berraco tenemos, carajo! Y terminamos como empezamos, sin nada. Porque si decir que tu héroe ha sido el portero, en el caso de los ticos y los mexicanos, mejor tirar la toalla y dedicarnos a jugar golf.

Al final, los mismos. Por Europa, Alemania, siempre Alemania. Nunca nada sin los germanos; jamás pedir algo sin consultarles. Favoritos desde que Federico Barbaroja era soberano de un imperio donde se sabía, como ahora, que las cosas funcionarían. Y Holanda, quienes después de tres veces de llegar a la final y jamás conseguir el triunfo, lo único que desarrollan es su eficacia por jugar cada vez mejor. ¿Doblegarse y echarle la culpa al árbitro? No está en su diccionario deportivo. Sólo en el nuestro, y en ese nacionalismo barato que repite a la saciedad que “no era penal”. Esos mismos que estarán retorciéndose por no saber qué hacer en el duelo entre los malvados holandeses con los pesados argentinos… ¡vaya dilema patriotero que tendrán!

Por Latinoamérica, Brasil y Argentina. Los únicos que sacan la cara, y llevan 50 años en ello. ¿Qué sería del fútbol de América sin ellos? La respuesta, dijera Bob Dylan, está en el viento, ese que susurra en nuestras más añejas pesadillas cada cuatro años: nada.

Jugando mal, terrible, están ahí porque se espera que ellos estén ahí. Punto. No hay vuelta de hoja. Y a estas alturas debemos preguntarnos si optamos por ser “latinoamericanistas” a ultranza, irnos de boca por la región y hacer caso omiso al buen fútbol, o bien, optar por la fría, calculadora y conservadora forma de juego de los europeos.

No estaría mal que en la final hubiera, ahora sí, una sorpresa, agradable, impredecible y soñada por todos. Que por fin, y por todos los putos diablos del mundo, quien quiera que la disputara, se pusiera a jugar fútbol de verdad. Entonces sí, este Mundial pudiera ser, tal vez, un evento para pensar que si el buen fútbol apenas atisbó cuando se le necesitó, lo único que necesitaba era una dosis retrógrada a las cascaras de la calle, donde todo tenía sentido, todo valor avecinaba goles y toda victoria ameritaba un buen chesco de aquéllos.

6 de julio / Brasil día a día / 8 de julio

Anuncios

7 thoughts on “7 de julio – Al final, los mismos

  1. Homero dice:

    E Inglaterra no ha vuelto a la grande desde el 66 que venció, se dice que recibiendo apoyo arbitral, en su mundial. En realidad Brasil, Italia y Alemania serían los de siempre. Pero sí es cierto que hay una elite forjada a lo largo de la historia mundialista.

  2. Homero dice:

    España ganó 4 años atrás. Francia en el 98. Ninguno de los dos había campeonado antes. Holanda nunca ha vencido hasta el final. Hay datos como estos que vale la pena no dejar pasar.

  3. Juan Carlos Cabrera Pons dice:

    El Mundial lo hacen hermoso quienes pierden. Higuita entregándole el balón a Milla, Puskás dejando ir el 2-0 de ventaja, James cargando un chapulín enorme en su hombro.

    Lo de Costa Rica es enorme, se van invictos. Al final se les acabó el fútbol, pero se fueron invictos, con sólo dos o tres goles en contra, y eso es enorme, se consiga como se consiga.

    No sé si sean siempre los mismos. España fue, hasta cierto punto, una sorpresa el Mundial pasado, y hace 24 años que no veíamos aquí a Argentina. A Brasil le ha ayudado mucho jugar en casa. Alemania y Holanda vienen demostrando que la continuidad da resultados. Yo todavía estoy emocionado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s