5 de julio / Brasil día a día / 7 de julio

Cinta-Brasil-2014

Por Josué Hernández

La noche sólo confirmaba la inminencia de la vuelta hacia la rutina. Ya antes nos había asaltado en los días de descanso, un poco más grises de lo que habíamos visto estas semanas. El color se va perdiendo, aunque por algunas horas decido olvidar que así sucede y que la fortuna embellece sutilmente cada tiro, pase y atajada que nos regala el fútbol.

Queda volver al trabajo; suspenderlo es, a su vez, volver a la elección conservada en los archivos y en las búsquedas en Internet de otras maneras de olvidar que a veces algo se nos impone. Ya no sé si toda imposición tan clara es también tan terrible. Es más fácil lidiar con las imposiciones sutiles como mediadoras de nuestro activismo o de nuestra argumentación defensiva.

Aquellos pensamientos desordenados trataban de encontrar un encadenamiento discernible entre el agotamiento del día y la imposibilidad de hallar el sueño fácil. Por ello me hallaba, como tantas noches durante estos meses, tendido en mi cama, extrañando un buen partido de fútbol durante el día, alguna atajada de Kéylor Navas, Tim Howard o Benaglio que hiciera soñar a su equipo con la caída del azar para regalarles una victoria poco imaginada bajo el violento peso de la estadística.

Ese azar victorioso es una manera de aderezar con el mismo sabor a la rutinaria marcha de la hiperreflexividad en la que tanto texto me ha sumergido. No fue el no haber visto ningún partido lo que me mantenía lamentándome inexorablemente, reconociendo lo que no está o lo que se ha perdido, sino lo contrario: aquello que se superpone al aire en condiciones invisibles y que pesa como si la cama estuviese recostada sobre mí y no al revés. Entendí en ese momento las palabras de Malfavón cuando celebró el pase de la selección mexicana refiriéndose a las personas: “ya les clavaron una reforma política, viene una energética y en telecomunicaciones, que no les quiten el mundial”.

Sonreí ligeramente, como sólo podía hacerse ante lo solemne del silencio. Pensé, entonces, que no sólo un libro, una obra maestra del arte puede extraernos del tiempo que transcurre. A veces el insomnio nos obliga a una vuelta sobre nosotros mismos cuando no queda ningún lugar ni objeto sobre el cual elegir el escape: la paradoja es que el escape de nosotros es la caída de la intelección frustrada con todo el peso del desacierto sobre nosotros mismos.

Viene el recuerdo. Mi recuerdo fue el de los minutos recorridos entre los equipos, disgregados sin secuencia clara y pensé, también, que el fútbol me ha regalado algo más que sólo afición o material para el juicio fácil del circo para el pueblo. Hay tanto en “Las ciudades invisibles” como en el Holanda vs Costa Rica: tanto miedo, tanta alegría, incertidumbre asombrosa, tan poco tiempo presente, simple y banal que arremeta y nos arrastre con la obligación de vivirlo y de alcanzarlo.

Me gusta saber que, con la superstición o sin ella, con la estadística o sin ella, algo se escapa de nuestro control y sabemos que el futuro caerá inevitablemente, que el pasado volverá en una o varias noches de insomnio, y que las imágenes sólo van a danzar rápida y difusamente por la cabeza: un vuelo de Navas, el cruce de Kompany, un tiro de Sneijder, el penal de James y la ironía del mundo atisbada en el cambio de portero de Van Gaal.

En cada episodio vivimos algo más de lo que parece insulso en un segundo de juego que se disipa casi en el momento en que nace. A veces hay que huir de la repetición mecanizada, dejar que la memoria nos engañe y posiblemente nos deje creer que no era penal sin tanto autoritarismo argumental, sin tanta creación de enemigos intelectuales.

Algo en ese retirarse del mundo a la soledad de la noche y el silencio me hace creer que asumimos que hay algo de nosotros en la presencia de las imágenes y, sobre todo, en su ausencia: un espacio desde el que nos vemos y que nos cuestiona el lugar al que volvemos. Es una posibilidad, como lo es sólo cerrarlo.

Uno puede esbozar una sonrisa que es felicidad, nostalgia, tristeza, saber e ignorar, y poner todo eso sobre la opacidad de las rutinas donde no hay fútbol, ni Borges, ni Pessoa, ni Billie Holiday, y escucharlos, leerlos, verlos intermitentemente. Al final, el insomnio sólo es terrible cuando el presente vuelve a hacerlo todo simple(mente mortal).

5 de julio / Brasil día a día / 7 de julio

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3 thoughts on “6 de julio – El regreso a la mortalidad

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