3 de julio / Brasil día a día / 5 de julio

Cinta-Brasil-2014

Por Claudia Morales y Juan Carlos Cabrera Pons

“La FIFA son una manga de viejos hijos de puta”

José Alberto Mujica Cordano

Hay un fútbol de afuera y un fútbol de adentro. Esto no siempre fue así, pero lo es cada día más en el mundo híper globalizado en que vivimos. Curiosamente, el fútbol de afuera es el que se juega bajo el cobijo de la seguridad desbordante de los grandes inmuebles, bajo la vigilancia cada vez más total de las cámaras y la repetición instantánea, dentro de la expectación absoluta. El otro, el fútbol de dentro, el más íntimo, tiende hacia el lado contrario, hacia la improvisación, hacía la calle, hacia el anonimato.

El Mundial es la fiesta más grande del fútbol institucionalizado, y no debería sorprendernos que el carácter ascéptico de esta institucionalización provoque polémica en el más inexacto de los deportes. Un deporte que requiere de la impresición, de la improvisación, de lo incierto, para llevarse a cabo. ¿Quién no pateó un balón a medio inflar en los pasillos de su secundaria? ¿Quién no jugó en un terreno de tierra irregular? A nuestro parecer no son descabellados los argumentos del que afirma que los jugadores de los grandes clubes del mundo no deberían molestarse de jugar en un terreno anegado por el agua o con el pasto ligeramente crecido.

No me atrevería yo a decir que estas formas de fútbol –que practican los niños en las calles poco transitadas, los adolescentes en equipos disparejos y vistiendo jerseys deslavados, los padres con sus hijos en los patios de sus casas– no son fútbol en toda la extensión del término. Es más, me parece que todas estas maneras de practicar el bello deporte se parecen de tal manera que podríamos hablar de algo cercano a un lenguaje universal. ¿Y no es ése el elemento que más íntimamente constituye nuestra afición?

De dos cosas se hace el fútbol: de confianza (en uno mismo y en el compañero) y de improvisación. Todo lo demás es igualmente arbitrario y crea múltiples raíces que hacen fútboles del fútbol. ¿Qué tiene que ver todo esto con Luis Suárez? Dos cosas: 1) que el fútbol, como bien afirmó Alastair Reid, es “una elevada expresión artística”, interpretable, cuestionable y, sobre todo, personalísima; y 2) que no debemos olvidar que el fútbol de adentro tiende la cuerda futbolística hacia un extremo, pero jamás la abandona.

Antes que nada, quizá debamos aclarar que las tres mordidas de Suárez, cada una de ellas, está mal y merece un castigo institucional. Un castigo que no se hubiera dado en la calle, por supuesto, donde la falta hubiera provocado si acaso algunas risas y chascarrillos. El castigo se ha dado, no podemos reclamar más justicia. Otra cosa: como a Chiellini, también nos parece que el castigo por la última de estas moridas fue excesivo.

Pero la mordida de Luis Suárez (la más famosa, la reciente) tiene la belleza de las grandes obras del arte: absoluta sinceridad humana. La escena nos recuerda episodios clásicos, como el momento en que Dido, al ser abandonada por su amado, el piadoso Eneas, se suicida atravesándose una espada en una pira funeraria, mientras éste se aleja en el mar, para seguir su destino: la fundación de Roma.

El paralelismo entre estos dos episodios radica en que ambos nos llevan a vernos las tripas, a relacionarnos absolutamente con el sentimiento que lleva al otro a una acción en apariencia injustificable. Porque, aunque la mordida nos parezca correcta o incorrecta como acto deportivo, Suárez nos recuerda la calle del fútbol, el fucho del llano, la cascarita; nos trae a relucir el fut lejos de los contratos millonarios, lejos de las marcas, lejos de los discursos políticamente correctos; el fútbol más cercano.

Ante el contacto, la fuerza, la presión del estadio, la mordida de Suárez nos recuerda la irreverencia de la improvisación, la desfachatez de vivir el momento, y la sublimidad del acto impulsivo. Un destino pesado, la espada de Sófocles, pesa sobre su cabeza. Un suicidio dirán algunos. Si bien, el suicidio del mundo institucionalizado, al contrario del que ocurrió en las costas de Cartago, siempre encuentra un recoveco, un espacio vacío en la norma.

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2 thoughts on “4 de julio – Arma virumque cano

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