29 de junio / Brasil día a día / 1 de julio

Cinta-Brasil-2014

Por Juan Pablo Zebadúa

La razón contra la emoción. Miradas fijas y concentradas contra plegarias e invocaciones divinas que modifiquen los destinos señalados en el juego. Millones esperan que Klaas Jan Huntelaar falle. No se sabe porque, pero existe, en la inmensidad del “México Profundo”, esa utilitaria visión de que “alguien”, más allá de nuestra realidad, se hará cargo de nuestras miserias y nos saque de apuros. Luteranos versus guadalupanos. Gol de Holanda. Fairwell México. Dream is over.

Tardaremos muchos años en digerir este juego. Mucho se podrá decir y muchos intentaremos explicaciones meta-futbolísticas que nos den la razón por encima del hecho contundente y atroz que nos atropella de cara a nuestra historia y nuestra forma de ser: no pudimos.

Una cuestión radica en que el fútbol es el deporte menos perfecto que existe. Por eso se valen los “teatros”, los “clavados”, los aspavientos ridículos de ese fingimiento que rechaza toda ética deportiva en aras de la trampa y el marrullerismo. Por cierto que en eso los mexicanos somos los campeones del todo el mundo: hemos perfeccionado la técnica de la transa y el desatino a tal grado que ahora nos comimos una sopa de nuestro propio chocolate. Y, quien se lleva se aguanta. Por eso el fútbol deviene en una justa donde también se implora a cualquier tipo de dios que “ayude” y garantice el triunfo a cualquier costa. A cualquier precio.

¿Fue penalti o no? No importa. Claro que es lo que menos interesa. Incluso un protestante recalcitrante como el holandés Robben juega con los engaños. Nadie lo hubiese pensado, ni el propio Erasmo de Rotterdam. ¿Lo golpeó Márquez? Desde luego. ¿Y merece la pena máxima? Eso es lo que no sabemos. Tan imperfecto es el fútbol que hasta en eso hay margen de duda.

Tampoco se vale decir el mexicanísimo si hubiéramos: que si mejor otro cambio, que se echaron para atrás, que debieron de cerrar los caminos a Robben. Patrañas. La imperfección también genera esa cosa llamada suerte. Esa que no tuvo el chileno Pinilla al final de los tiempos extras, cuando su tiro que dio en el travesaño hubiese mandado al diablo a una Brasil que habría infartado al mismo Garrincha por su pobre fútbol. Porque Chile jugó mejor que la potencia. Al igual México que, doblegando a la esquemática, racionalista y eficaz Holanda, tampoco le alcanzó para lograr la hazaña.

Y qué mal se vieron los Tulipanes al hacer uso de esas nefastas mañas, haciendo a un lado su gloriosa historia futbolística, con grandes despliegues de técnica y estrategia como nadie lo ha hecho a lo largo de toda la historia de las Copas del Mundo. Qué mal, de verdad. Y mucho peor cuando Van Gaal, presuntuoso, decía en la conferencia de prensa que “todo lo tenía calculado”. Nada, el güero, todo rojo por el sol y por la vergüenza de la falta de capacidad táctica para resolver el dilema mexicano, debió ser más humilde. Porque no ganó el fútbol, sino otras cosas que hacen inverosímil este deporte. Y eso también juega.

Es la primera vez que México juega convincente, al tú por tú, con cualquiera. La lección que nos queda sería que, en la mejor actuación de la selección en los Mundiales (Roberto Gómez Junco dixit), deberíamos ubicarnos en la dimensión que nos corresponde:

a) Con esta actuación debería quedar sepultado el sentimiento de “ratones” que tanto nos ha apachurrado. Actitud, fuerza y orden, eso mostraron las huestes del piojo.

b) Que deberíamos entrenarnos, mental y futbolísticamente hablando, para salvar el quinto partido. Mal hace el Piojo, Peña Nieto (que, seguro, tampoco sabe nade de fútbol) y las televisoras en decir que “seremos campeones del mundo”. Eso jode mucho a la mentalidad, no la de los jugadores, sino la de los millones de villamelones que se enrollan la bandera y creen en esa barbaridad. Hay que saber nuestros límites y trabajarlos.

c) Que haya continuidad con ese grupo.

d) Que se aprenda la lección de que los que juegan –y jugaron– en clubes europeos son los que mejor rendimiento mental y futbolístico muestran. O sea, una clave fundamental esta ahí. Que se vayan todos.

e) Pero también, que se larguen todos los directivos corruptos y mediocres que tanto daño le hacen al fútbol nacional. Todos.

Soñar. Esa pudiese ser la palabra que consagre todo el arquetipo nacional en torno al fútbol. Soñar cada cuatro años. No tenemos genios del balón, tampoco grandes estrategas de campo, menos un Messi o un Maradona que rescate la dignidad cuando se les antoje. Nuestros campeones son del estilo de Chanoc, mujeriego mata-cocodrilos; del Púas Olivares, borrachín surtidor de grandes jabs; del Santo, quien se chuta a mujeres vampiro y hombre lobo cual caguamas en El Pelucas. Todos ellos, menos futbolistas. Ni siquiera Hugo puede redimirnos. No estamos a la talla de la leyenda. Soñar. Un pedacito de cielo por un día.

Al final de todo, si fuese un asunto de héroes, la casi-lograda-y-nunca-realizada gesta del omnipresente quinto juego, quedaría en la apuesta por la épica de Leónidas y sus 300 guerreros en el paso de Termópilas. Solo que aquí, la leyenda grabada en piedra sería: “aquí yacemos, para que vayan a la patria y digan que morimos para que todo México tuviera un sueño”. Aunque sea uno y efímero.

29 de junio / Brasil día a día / 1 de julio

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5 thoughts on “30 de junio – Dream is over

  1. armando dice:

    Shiale, Juan Pablo, ¡qué buen final! Lo único malo es que nuestro Leónidas hubiera sido el jorodobado, Vientos hurracanados, no me he dado tiempo, pero lo seguiré intentando…

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