23 de junio / Brasil día a día / 25 de junio

Cinta-Brasil-2014

Por Juan Carlos Cabrera Pons

 Las palabras son vitales y capciosas, nombran objetos, pero también revelan el estado de espíritu de aquellos que las emplean.

Renato Ortiz

La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) alegó y alegó, algunos mexicanos se justificaron y se defendieron contra quienes se atrevieron a decirnos una verdad (que en México el clasismo, el racismo y el sexismo son cosas tan de todos los días que las justificamos con el adjetivo “normal”), y al final la selección mexicana se libró de una multa que parecía inminente.

Hay discusiones en las que no voy a entrar, y me gustaría advertirlo de una vez: ¿es justo castigar a una federación por las acciones de un grupo de aficionados?, ¿no tiene la FIFA cosas más importantes que hacer?, ¿debería regularse la conducta de la afición dentro de un estadio? Todas ésas son cuestiones que deben tratarse con especial cuidado en otro lugar. Yo ahora quiero dejar claro que he visitado varios estadios de este y otros países y que jamás he participado de la tradición de gritarle “puto” al portero rival, de la misma manera en que jamás he arrojado vasos llenos de orines a la tribuna ni comenzado una pelea a puño limpio contra otro aficionado, y no creo que nadie debería posicionarse a favor de ninguno de estos actos.

En los estadios de fútbol ocurren todo tipo de dinámicas. Algunas hacen que la afición sea una experiencia maravillosa; otras, como ocurre en cualquier otro ámbito de nuestra vida, nos dan la oportunidad de reflexionar sobre los significados que construimos como sociedad. Lamentablemente, una gran cantidad de aficionados al fútbol en México no consideraron que la discusión sobre gritarle “puto” al arquero rival era relevante hasta que la FIFA amenazó con sancionar a la FMF, tras ver que esta multitudinaria expresión de homofobia comenzaba a practicarse en los partidos del presente Mundial.

La FIFA (algo habrá que reconocerle) pone una atención especial a las manifestaciones discriminatorias que ocurren durante los partidos de fútbol. Sanciones peores que la que parecía inclinarse sobre la selección mexicana se han aplicado en estadios en los que han ocurrido actos racistas contra algún jugador. Durante el Brasil – México de la semana pasada, la tradición de gritarle “puto” al arquero rival en el saque de meta ocurrió en uno de los partidos más vistos del evento más televisado a nivel global y la FIFA entró en pánico. Esto no debería sorprender a nadie.

Ahora bien, a mí me parece más que evidente que insultar a alguien diciéndole “puto” (o “negro”, “indio”, “vieja”, etc.) es una muestra clara de discriminación, pero me ha sorprendido leer comentarios y encontrarme con personas que piensan lo contrario. He querido explicarles que cuando un aficionado le grita “puto” al portero rival no lo hace por reconocer su homosexualidad (algunos lo serán, vamos, y eso no los hace ni menos porteros, ni menos hombres, ni menos personas), ni por crear un ambiente de camaradería con él y con los aficionados del equipo al que representa. Al contrario, cuando se le grita “puto” al portero rival, la intención es la de insultarlo.

Insultar puede estar bien o mal, puede ser algo merecido o no… ésa es otra discusión en la que no voy a detenerme. Creo que todos hemos insultado y sido insultados en más de una ocasión y comprendemos bien cómo funciona esta dinámica. El objetivo del insulto es el de rebajar al otro, hacerle saber que tiene menos valor como ser humano por alguna razón (su poca inteligencia, su poca belleza, su poca valentía, etc., etc., etc.) Una cosa es reconocer el derecho de una persona a formar parte de un grupo indígena, por ejemplo, pero otra muy diferente es insultarlo al gritarle “indio”. Lo mismo ocurre con “puto”: si insultamos a alguien llamándolo “puto” es porque nos parece que ser puto es algo que le quita valor como ser humano.

Aún si el destinatario del insulto tiene las preferencias sexuales que sean, el insulto “puto” conlleva una discriminación por cuestiones de género innegables. Es parte de un discurso fundado en el odio, y en la historicidad del término está anclada una homofobia bien arraigada. ¿O vamos a creer ahora que los aficionados al fútbol estamos exentos de esto?

Estas reflexiones me hicieron querer detenerme en algunos de los comentarios más frecuentes en contra de la carga homofóbica y discriminatoria de este insulto y a favor del bienestar económico de la FMF y la selección mexicana (hay que ver cuánto se han esforzado los medios de comunicación en México por ridiculizar el asunto antes que tomárselo bien en serio… por algo será, digo). El lector de estas líneas quizá prefiera revisar los artículos de Guillermo Sheridan y Leticia Romero, ambos escritos antes de la amenaza de sanción (lo que prueba que el tema ya era escabroso entre algunos intelectuales y aficionados del país).

1. El primer argumento a favor de este grito afirma que la palabra “puto” no conlleva homofobia alguna, ya que es portadora de otros significados.

Cuando cuestionamos a quien así piensa por cuáles sean estas otras acepciones, nos responde que puto también significa “miedoso”, “cobarde”, “débil” e incluso “rajón” o “gallina”. En efecto, todos estos son atributos que nuestro uso sexista de la lengua atribuye a lo femenino, y todos estos son antónimos de palabras como “hombría” y “varonil”. Si son sinónimos de “puto” es precisamente porque el mecanismo homofóbico de este insulto equipara al puto con la mujer, y lo hace de una forma particular: mediante la naturalización de cualidades que hacen de la debilidad y el miedo atributos propios del sexo femenino y, por extensión, de la homosexualidad masculina.

2. Otro argumento que justifica la inocencia de gritarle “puto” a cualquiera durante el partido es el que afirma que se trata de un acto meramente recreativo.

“Es puro desmadre” y “no pasa nada” son los dos argumentos que esgrimen quienes defienden esta idea. Les pregunto: ¿es tan divertido esto como gritarle piropos ofensivos a una mujer en la calle por el puro desmadre?, ¿es tan gracioso como imitar los gemidos de un mono ante una persona negra? No; efectivamente, es igual de humillante. Y aquí lo es doblemente: primero, porque nos parece que el “puro desmadre” lo justifica; y segundo, porque se realiza por miles de personas en el escenario de uno de los eventos más televisados del planeta.

3. Otro argumento –y uno particularmente cómodo– es el que dice: “la FIFA es una institución corrupta”.

Quizá lo sea, eso es asunto de otras reflexiones. ¿Justifica eso que llevemos a cabo accionas en contra suya? Quizá lo justifique de algunas (de muchas, de hecho), pero ¿de las que conllevan discriminación? Definitivamente no. Este argumento es el mismo que afirma que hay que aprovecharnos de los otros antes de que los otros se aprovechen de nosotros. La defensa de este argumento ha llevado a varios a tomar una actitud altanera de victoria ahora que la sanción se ha retirado. A estas personas ha de parecerles justo, supongo, que discriminemos a otros por sus preferencias sexuales con el objetivo supremo de joder a la FIFA. ¿Tiene sentido esto? No, claro que no.

Una extensión de este argumento insiste en que la FIFA maneja un discurso doble, pues por un lado pretende sancionar el grito de “puto”, mientras que por otro lado le otorga la organización del Mundial a Rusia y Catar, naciones que aparentemente sostienen una declarada política homofóbica (supongo que México no, ¿eh?). Este argumento guarda una implicación particularmente aterradora: ¿debe la FIFA permitir el grito de puto y llevar el Mundial únicamente a naciones con rigurosas leyes contra la libertad de género sólo para evitar el vicio de la incongruencia? Que Rusia o Catar organicen un Mundial es un tema complejo, pero que no justifica la conducta homofóbica de ningún aficionado.

4. Otro argumento insiste en que no se está considerando el contexto: si bien decirle “puto” a alguien puede ser un insulto y puede estar plagado de homofobia, no es tal el caso de quienes le gritan así al portero rival desde la tribuna.

¿Por qué no es lo mismo? Quienes opinan así afirman que “puto” puede usarse en tono de broma y que es un trato no sólo común, sino hasta cordial entre amigos. ¿Alguna de estas personas llama “puto” a su jefe?, ¿a su padre?, ¿a su profesor? ¿Me aconsejarían llamar “puto” a cualquier persona que me presenten para acelerar el proceso mediante el cual nos convertimos en amigos? No lo creo. Y aun si algún valiente se atreviera, el problema con este argumento es que no considera que si dos amigos se refieren a sí mismos de la forma en que elijan, seguramente habrán negociado estos apelativos mediante diversos mecanismos discursivos (a más de uno hemos visto recibir con gusto apodos como “gordo”, “floja”, “bobito”, etc.).

El problema aquí es, de hecho, mucho más complejo. No hay que olvidar que el asunto central es la dinámica homofóbica del acto, no las preferencias sexuales de ningún portero, ni los términos específicos que alguna persona pueda encontrar ofensivos. Tampoco debemos olvidar aquí, precisamente, el contexto, que no es hacer amistad con el portero rival, si no insultarlo. Si los aficionados creyeran que gritarle “puto” a alguien es una muestra de cordialidad, ¿hace esto que el acto sea menos ofensivo? ¿Ocurre lo mismo con los chistes sexistas? Si un grupo de personas tratan con vehemencia a un indígena, llamándolo “indio” o “naquito”, aunque, según ellos, no lo hagan con el ánimo de insultarlo, ¿entonces ya no es discriminatorio su acto?

5. Por último (y uno de los más preocupantes) está el argumento que declara: no está mal gritarle “puto” a alguien, porque los putos se dicen puto entre ellos. Se compara entonces a los homosexuales que utilizan este término entre ellos con los grupos afro descendientes que se refieren a sí mismos como “nigga”. La comparación no es mala, de hecho es muy exacta. Aquí hay dos comentarios que se me ocurren.

En Chiapas, uno de los problemas más grandes al que se enfrenta la educación intercultural está ligado a la lengua: ¿en qué lengua debe realizarse esta educación? El español es la lengua hegemónica de México, pero no es precisamente la que responde a los contextos locales. Si preguntamos a las personas que habitan estas zonas de nuestro estado, encontramos opiniones muy diversas. Una de ellas insiste en que hablar la lengua local es humillante, y en que el español es más útil. No resulta extraño encontrar esta opinión entre habitantes que durante siglos (repito: siglos) han sido discriminados por encarnar los rasgos de su cultura (la lengua es uno de ellos), de modo que lo “suyo” les parece peor que lo “ajeno”.

De ahí sale la primera de mis preocupaciones. Siguiendo esta línea podríamos afirmar que gritar “puto” en un estadio porque los putos se dicen “puto” entre ellos es lo mismo que afirmar que está bien golpear a una mujer porque se escuchó a una diciéndole a otra aquello de “si no te golpea, es porque no te quiere”. Del mismo modo, afirmar que está bien gritar “puto” en un estadio porque los putos se dicen “puto” entre ellos es igual que estar a favor una reforma educativa según la cual no se darán más clases en español en las escuelas de México, pues se escuchó a varios mexicanos afirmar que es más importante aprender inglés ya que esta lengua resulta más útil en el mundo contemporáneo. Podrían encontrarse mucho más ejemplos.

Y por último, y en esto (como sugeriría un poeta) hay que ser irreductibles: no olvidemos, pero ni por un momento, que las personas que intentan resignificar palabras como nigga o puto porque han sido discriminadas mediante el uso de estos términos pertenecen a grupos históricamente excluidos, menospreciados, insultados, invisibilizados, perseguidos, etc. “Puto”, como bien se ha repetido estos días, es la última palabra que muchos escucharon antes de ser asesinados. Eso es un asunto, tanto en historia como en contexto, muy diferente al de gritarle “puto” al portero de un equipo rival.

23 de junio / Brasil día a día / 25 de junio

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10 thoughts on “24 de junio – Puto

  1. armando dice:

    Por cierto, Juan Carlos, te faltó mencionar el soneto aquel de Quevedo, que iniciaba con: Puto es el hombre que de putas fía, o algo así… Digo, para que “siganos”…

  2. juan pablo zebadua dice:

    A mi me da terror (el literal) que los directivos y comentaristas de futbol (menos José Ramón Fernández y Roberto Gómez Junco) vean esto como algo “sin importancia”. He ahí la verdadera idiosincrasia, no del mexicano, sino de los que hacen futbol en nuestro país. Por tanto hay un atraso de siglos con relación al mundo, que en el futbol bien se ve reflejado

    1. Juan Carlos Cabrera Pons dice:

      Eso quería decir cuando escribí que ido a muchos estadios. Lo he hecho, soy bien fan de ir a los estadios de México aún si siempre hablo mal de la calidad de la Liga Mexicana. De hecho, es menos la gente que lo hace que la que no lo hace. Entre quienes no lo hacen hay todo tipo de personas: distraídos, gente a la que le parece “naco”, padres de familia que no quieren utilizar ese lenguaje frente a sus hijos, varios, como yo, que evitan los usos sexistas de la lengua, etc. Pero sí, en el estadio pasan cosas que no deberían pasar: no todo es camaradería (que sí hay mucha), sino que también hay violencia, se hacen peleas, se avientan cervezas. Y hay violencia, por ejemplo, publicitaria, pero ningún medio parece estar en contra de ella.

    1. Juan Carlos Cabrera Pons dice:

      Primero, gracias por los comentarios alentadores. Segundo, obviamente quienes se veían afectados con la multa (la FMF, los medios dueños de la selección, los patrocinadores, etc.) comenzaron una campaña que, disfrazada de discurso anti-oficial, hacía de la discriminación una suerte de irreverencia. Este discurso, súper mediático, confundía a la FIFA con la ONU y a la FMF con México para hacer creer que la posible sanción iba en contra de la identidad mexicana. Lo más aterrador: convencieron a muchos.

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