20 de junio / Brasil día a día / 22 de junio

Cinta-Brasil-2014

Por Josué Hernández

Este Mundial nos ha dado muchas sorpresas, más de las que muchos esperábamos. Desde hace un año, incluso, cuando la población de Brasil protestaba por el aumento de la tarifa al transporte público. Sorpresas en todo sentido: han desbordado expectativas, quinielas y análisis académicos, no sólo en las calles sino en las canchas.

Sigo creyendo, como dije antes, que un juego de fútbol es más que eso; nos dice mucho de quienes juegan y a quiénes representan. Más aún, frente a lo esperado, cuando se torna el juego en la figura de lo que va en contra de toda previsión, provoca otra agenda de temas que se asoman como invitaciones, sugerencias de reflexión y duda; nunca llanos o estables como para zanjarlos rápidamente.

¿Qué podemos decir de estos resultados recientes? La selección de Costa Rica eliminó a la de Inglaterra con el resultado frente a los italianos y puso a estos últimos en el filo de una eliminación que disputarán con los uruguayos; la selección de Nigeria se impuso a la de Bosnia, y la dejó también fuera de la justa mundialista; una gran selección colombiana que encontró a otro gran rival en los marfileños, y una no menos desdeñable selección de Australia que le hizo un partido difícil a los holandeses, cuando parecía ser sólo contendiente de trámite.

Así como al Calibán hosco, a quien el civilizado Próspero le impuso el lenguaje, no puedo dejar de pensar que en el fútbol ha sucedido algo parecido: una imposición europea sobre lo no europeo en la determinación de los estilos y de las figuras. No es gratuita la manera en que vemos en México a los “europeos” como las grandes presencias de la selección, y tampoco lo es la forma en que se juzga que las selecciones africanas están basadas en sus propios “europeos”.

Por eso suena extraño que un fútbol cuyo nombre no forma parte del acostumbrado imaginario del buen juego, le dé tantos problemas a otros más consagrados como expresión pura y natural del talento. Ante esto parece justificada la sospecha con que se vio la decisión de la FIFA de llevar al anti-doping a siete “ticos” después de su victoria contra Italia.

Desde el mundial pasado ya habíamos visto a los de Ghana regalarnos un episodio futbolístico contra Uruguay que resultó en una bellísima ironía como las que a veces puede regalarnos este deporte. ¿Dónde quedaron las potencias futboleras? Visualmente, se me ocurre el artículo que publicaba imágenes de varias selecciones europeas sin sus inmigrantes y esto va más allá de latinoamericanos y africanos: es el fenómeno de la migración que golpea con fuerza en la lógica purista de las selecciones nacionales, el asomo de lo contingente y de la duda en el sutil pero no menos pernicioso pensamiento que sostiene una superioridad racial desplegada en ámbitos institucionales.

El soporte “europeo” en una selección no europea no existe. El único equipo que vi salvado –que no sostenido– por una sola persona fue el de Argentina, tanto contra los bosnios como contra los iraníes. Quizás haya mucho que decir de ese partido donde los de Irán juegan en la liga de su país, mientras que los argentinos están (muchos de ellos) dispersos en distintos equipos de Europa.

¿Cuál es el rumbo del fútbol (un rumbo que, pienso, se puede ir destejiendo desde años atrás o, más recientemente, con la final de la Champions League)? Es sólo una de las dudas que seguramente pueden plantearse ante esta situación. No importa que algunos de los equipos que hoy están dando sorpresas terminen por caer en octavos de final. Después de todo, sí hay algo que sigue determinando los estilos y el draft: el dinero, y las ligas más adineradas son las que cooptan a quienes aparecen como las mayores promesas futbolísticas y publicitarias.

¿Por qué silencio? Como dije antes, lo inesperado puede provocar que ciertos temas se pongan en la agenda, y algo inesperado en esta semana fue la discusión de la FIFA sobre sancionar a las selecciones brasileña y mexicana por las expresiones de su afición. La FIFA es otra de esas instituciones que ejercen de las imposturas más rapaces en el mundo y, por demás, una de las más deslegitimadas. Los reclamos contra su censura y su compulsión por lo políticamente correcto no me parecen descabellados. Sí me parece, por lo contrario, improductivo, si no terrible, que se quiera llevar una discusión sobre si una palabra implica o no contenido homofóbico al terreno de lo institucionalizado; que quiera legitimarse por un reclamo frente a la FIFA y no por lo que constituye el problema de fondo.

Era hora de que en México empezáramos a cuestionarnos nuestros basamentos y justificaciones culturales (más las que sostienen que lo que es folclor o cultura es legítimo, inamovible e inofensivo), pero la dimensión en que se discute el tema sólo lo pervierte y lleva al plano de la afición y el deporte algo que está anclado más hondamente en una cuestión social que halla oportunidad de expresión en distintos espacios. Lo más sano, creo, es guardar silencio, retirarnos al lugar en que la incertidumbre asalta, en que no hay respuestas fáciles e inmediatas, y volver después al asunto; es la presencia de lo contingente, después de todo.

20 de junio / Brasil día a día / 22 de junio

6 thoughts on “21 de junio – Contingencia, duda y silencio

  1. Efigenio Bacardi says:

    “El gigante de la Concacaf” es un fantasma que sigue persiguiendo, sustentado, paradójicamente, por la suposición de ser realmente gigantes y estar esperando el momento de probarlo. Otra de las razones del eurocentrismo es la publicidad. Para quienes no ven fútbol, excepto cuando hay mundial o Champions, es más atractivo ver un Alemania vs Portugal que un Costa de Marfil vs Colombia, sólo por los nombres y la idea que se ha creado alrededor de ellos.

    1. Juan Carlos Cabrera Pons says:

      Claro, por una representación social bien arraigada. El Mundial pasado a mí me gustó mucho, y me topé a un amigo que pensaba lo contrario. Me dijo: “yo vi Brasil contra Portugal y estuvo bien aburrido”. Hasta yo me acuerdo de que ese partido fue pesado. Claro, el gran juego del Sudáfrica 2010 fue el Uruguay-Ghana, pero no atrajo la misma cantidad e público.

    2. I'm Batman says:

      Además de medir la espectacularidad de un equipo por el número de “europeos” (así les dicen a los que juegan en equipos de Europa aunque sean más americanos que la papa) que juegan en las selecciones nacionales americanas. Ya es cosa común que los comentaristas deportivos aludan a ello cuando se pretende que haya respeto por un rival.

    1. Juan Carlos Cabrera Pons says:

      Lo verdaderamente terrible es ver que esas estructuras se repitan entre los mismos concacafquianos. El público general en México cree que lo de Costa Rica es una arbitrariedad. Escuché a alguien decirme que seguramente Italia se dejó ganar para evitar encontrarse o a Inglaterra o a Uruguay más adelante. Ante la evidencia (el sorprendentemente buen juego de la selección tica), preferimos creer en la victoria del supuesto más grande.

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