Deudas y decepciones coperas

Por Francisco Gabriel Ruiz Sosa

Hemos tenido mes y medio de fútbol continental. Dos continentes con una larga tradición deportiva disputaron dos torneos importantes: la Copa América y la Eurocopa.

Mientras que el centenario de la Copa América se disputó en una sede en que el fútbol es un deporte poco popular, secundario, la Eurocopa se celebró en Francia, una nación con historial futbolístico.

Es sumamente criticable que la Copa América se jugara en Estados Unidos, país al que el fútbol le va y le viene como un deporte menor. Lo que a mí me dice que se jugara la Copa América en Estados Unidos, en lugar de en cualquier otro país que se apasiona por este torneo histórico, es que el dinero y el negocio pesa sobre la pasión y la tradición.

En la Copa América, el fútbol atractivo lo propusieron Chile y Argentina. Messi se hizo notar como un egregio protagonista de su selección, tal fue su rendimiento que encantó hasta a los norteamericanos. Además, suscitó el clamor y el ruego de un pueblo argentino (y de otras naciones) de no abandonar la albiceleste, luego de su funesto desenlace en otra final que no se le dio.

Chile repitió el campeonato, y ahora se consolida como una selección competitiva y poderosa. Ganarle a Argentina no es para nada fácil. Los argentinos cuentan con una historia ganadora y, como es de esperar, tarde que temprano la historia se repetirá en su tránsito circular. Ahora Chile se añade a esta historia triunfadora. Por lo que ya no debemos sorprendernos cuando gane otro torneo importante.

Ambos torneos nos quedaron a deber. Sobre todo la Eurocopa, de la cual, en otras ocasiones, he presenciado juegos inmemoriales. Al contrario de las eurocopas anteriores, ésta me pareció decepcionante. Tal parecía que el menos merecedor tenía que avanzar a la siguiente fase y, no poco con esto, ser campeón. Selecciones que tuvieron mayor corazón se quedaron en el camino. Este torneo demeritó todo lo que conocemos por fútbol. El campeón me es indistinto. Cualquiera que lo sea es bienvenido, pero sólo si ofrece fútbol. No sólo hoy no hubo fútbol, desde hace rato en esta Eurocopa no hubo tal.

Podría concluir ingenuamente que el fútbol táctico-defensivo brinda los títulos en la actualidad. Algo hay de cierto en eso, sin embargo, no olvidemos a la selección española, que con su fútbol nos entregó los más bellos momentos deportivos y además fue bicampeona de la Eurocopa y campeona Mundial de manera consecutiva. Es decir, el jogo bonito no está peleado con el resultado. Tristemente, el miedo plantea los parados de los equipos. Los equipos se juegan a medirse las fuerzas y a cuidarse en demasía, en detrimento de un poquito de atrevimiento temerario. Lo cual es algo que los aficionados exigimos a talentosos futbolistas. No se lo estamos pidiendo a troncos carentes de calidad. Si ellos no pudieran ofrecernos esto, no se lo pediríamos con tanto derecho.

Algo coincidió en estos torneos: muchos tiempos extras y penales. Salvo la final de hoy, el tiempo extra no ha servido más que para hacer cansado el juego, tanto para los futbolistas, como para los aficionados. Varios equipos apostaron a los penales, y quienes más creían lograr algo por esta vía fueron los primeros en perder. Véase el caso de Italia. La azzurri ostenta un paternalismo histórico sobre Alemania. No obstante, no lo hizo valer. El miedo de los italianos fue mayor que el de los alemanes. En este caso, ganó el que menos miedo tuvo.

Por su parte, Alemania tenía un paternalismo sobre Francia. Pero los galos, con los desaciertos alemanes, ambos obscenos, aprovecharon –a través de Griezmann– su paso a la siguiente fase, la más importante, la que ni siquiera visualizaron cuando iniciaba el torneo. Alemania fue superior a su rival en el partido, mas no así en el resultado, que al fin y al cabo es lo que valió el pase a la final.

Francia, ya instalada en la final soñada, así como la de Francia 98, veía su gran oportunidad de levantar otra copa en casa. Quizá los franceses y nosotros ya los hacíamos campeones, pero el fútbol a veces es impredecible y caprichoso. Contra pronóstico, Portugal levantó la copa, sin merecerla. Realmente, quizá nadie en este torneo la merecía, pero alguien tenía que llevársela de París. Éder levantó la mano y se la llevó de un zapatazo. Portugal probó las mieles de un campeonato que se le negó en el año 2004, cuando una maravillosa generación de futbolistas portugueses llegaron a la final, para perderla en casa ante los griegos.

Puede decirse que el fútbol le retribuyó esa deuda pendiente. Y para que la tuerca apriete, se la concedió bajo las mismas condiciones con la que se la negó: siendo inferior a su rival en casi todos los sentidos.

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2 thoughts on “Deudas y decepciones coperas

    1. Gabriel Sosa dice:

      Una razón importante, creo, es ésa: están sobrecargados de partidos en sus propios clubes; les agregan un juego más en la Eurocopa; tiempos extra, en los que no se definen nada, salvo en la final, cuando el cuerpo no da más para pelear por el balón. Hipotéticamente: Intervienen además otros factores: mayor adherencia al club que a la selección en algunos jugadores; ser la única figura o de las pocas en su selección, bajo esta situación el futbolista no esencia en un estilo de juego, pues no se siente identificado (ya sea en sistema, posición, funciones); y puede que existan otras razones en las que no he pensado detalladamente.

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