El peso de la historia

Por Yoloxóchitl García Santamaría

Poco sé de fútbol, pero mi entendimiento sobre otras cosas me da el impulso para escribir una opinión en torno al partido de México contra Chile en la Copa América de este año.

Empiezo por declarar que tengo en mi mente la idea de que la selección mexicana de fútbol siempre pierde. No sé que tan cierto sea. He visto partidos en los que gana de “chiripa”, o en los que pasa a la siguiente ronda con empate. Como sea, México es un equipo mediocre.

Por ahí escuchaba que en el fútbol pesa la historia. Pero hay historias de las que se aprende y que permiten reestructurar incluso las sociedades. En el caso de México el problema es la memoria. Esto se puede ver en varios niveles. Y al hablar del fútbol mexicano no sólo me refiero a los 11 que están en la cancha: además de los directivos y empresarios, está su público. Éste tampoco tiene memoria.

La Selección es un equipo muy inestable. Dentro de esa inestabilidad hay una fuerza que empuja a los jugadores a perder. Yo percibo una balanza que se hunde hacia el fracaso. Y, mientras más se hunde, sus seguidores −incluso los que no lo somos tanto− nos sentimos esperanzados de que eso puede cambiar. La balanza se inclina junto con las emociones más extremas de todos los que presenciamos esos 90 minutos con un poco de esperanza.

El equipo se sigue hundiendo mientras navegamos en ese naufragio pensando que podemos remontar; pero México no puede levantarse.

Sí, pesa la historia, pero también la falta de disciplina, la seriedad, la técnica, los egos, el individualismo, la falsa noción de ser “equipo”. La poca (o nula) claridad de saber cómo se juega, porque incluso para improvisar se debe tener preparación. Se deben conocer las reglas. Se debe trabajar en tantos aspectos con exigencia individual, pero con entrenamiento grupal. También se debe pensar y cultivar el análisis y la autocrítica.

Tenemos esperanza en un estilo de fútbol muy feo: desorganizado. Jugadores que corren tras el balón en vez de correr en sincronía con él.

Y cada que se pierde uno piensa que se puede mejorar, porque hasta una roca cuando es esculpida puede adquirir la forma más bella. Pero este fútbol mexicano no ha trabajado en eso, porque ha encontrado su zona de confort: el negocio. Incluso en la derrota los implicados en la selección se llevan un buen dinero. Basta mirar la cantidad de comerciales que se hacen con la figura de los jugadores y toda la mercadotecnia que gira en torno al fútbol. Todo lo que gira en torno a, y no lo que es ser un profesional del fútbol.

Los directivos, los técnicos y los jugadores deben trabajar como cualquier otro profesional y visualizar lo que corresponde a su profesión. Porque de eso viven y hacen vivir a sus espectadores. Por lo pronto, en este partido contra Chile, en el que se perdió con siete goles contra cero, estuvo más que claro que México es un equipo mediocre.

Pero lo mismo da, porque mañana −aunque hoy nos mataron−, se puede seguir viviendo de esperanza.

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