Un político del fútbol

Por Homero Ávila Landa

Después de 66 años, según “informó” el periódico Récord en su versión digital el pasado 13 de abril, el equipo de fútbol Tiburones Rojos de Veracruz volvió a alzarse con un campeonato; en este caso con el torneo Copa Mx del fútbol nacional. Esto ocurrió al son de 4 goles contra 1, frente al Nexaca de Aguas Calientes de la división de ascenso.

Estadio a tope, fervor futbolero rebosante y muy agitado por los medios oficiales, como Radio Televisión de Veracruz en sus canales radiofónico y televisivo. Noticieros y otros programas de ese sistema oficial tocaron el asunto del juego acaecido por la noche. La euforia mediática previa al juego, desde luego, se continuó hoy jueves 14, dado que los Tiburones levantaron la Copa.

Sobre la cancha, los campeones coperos a veces no dieron la impresión de jugar en la Primera División, durante largos minutos estuvieron erráticos, torpes, sin ideas, aunque con mucho empeño y, así, con desgaste físico que merece reconocerse; pero la constante fue la escasez de jugadas que terminaran inquietando la meta rival. Por su parte, el Necaxa tampoco exhibió grandes dotes. Aunque ellos tenían el argumento de no haber mandado a la competición a su primer equipo sino a uno alternativo, con suplentes en diferentes puestos, incluido el portero. El empate firmado al medio tiempo se rompió claramente en el complemento y todo terminó en goleada roja.

Esto fue muy provechoso para una afición que sufre más de lo que celebra, debido a que los Tiburones son un equipo cuyo rendimiento en años recientes no da mucha oportunidad de vitorear. Ahora mismo, el conjunto ni siquiera provee la tranquilidad que da no estar luchando en los últimos torneos por ver quién desciende de categoría. Pero el triunfo nocturno y tropical tuvo otros beneficiarios, además de la afición corriente. Fue conveniente también para el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que hoy anda en campaña electoral por la gubernatura del estado de Veracruz.

Si bien, en el sexenio anterior, encabezado por Fidel Herrera Beltrán, el equipo era un bien público que terminó yéndose a la división inferior, lo que provocaría su desincorporación paraestatal, años después lo volvemos a ver en la Liga Mx. Esta vez, la tiburomanía renovó su aliento al equipo retornado a la Primera División gracias al empresario-político (cosa común en el estado), actual diputado federal por el PRI, Fidel Kuri Grajales. Éste, propietario en 2013 del entonces ascendido a la Liga Mx, Reboceros de La Piedad decide “convertirlo” en los Tiburones Rojos; regresa con ello la pasión futbolera a Veracruz. La magia del dinero, y no el esfuerzo deportivo, nos dan a los jarochos otra oportunidad en primera división. Uno o dos torneos después llega a dirigirlo Carlos Reinoso, artífice del nuevo campeonato copero.

El triunfo tiburón en la cancha del estadio Luis “Pirata” Fuente trasciende la gloria deportiva hasta alcanzar la arena política.

Desde temprano circula, en la página Facebook de la “Coordinación Juvenil Estatal del Candidato a la Gubernatura del Estado de Veracruz Héctor Yunes Landa”, un video breve donde aparece el diputado federal por Veracruz, y dueño del equipo, Fidel Kuri Grajales, y el candidato a la gubernatura por el PRI. En el video, el suspirante al poder estatal de Veracruz porta ya la conmemorativa camiseta roja que que en letras doradas dice “Campeón”, justo debajo del símbolo del equipo: un escualo dominando un balón.

Kuri, entusiasmado y ya dando trato de gobernador en funciones a Yunes Landa, hace del escenario deportivo uno de corte político, pues le declara o promete, no sin la retórica del dinosáurico político jarocho, que “tener [teniendo debió decir] un amigo como Héctor, que le guste el deporte y que le guste el fútbol: tenemos todo. Veracruz tendrá estadio nuevo; los Tiburones seguirán en Veracruz”. El video cierra con imagen donde se lee la frase “Héctor gobernador”.

Los traspiés del diputado no quitan que durante los dos últimos sexenios el equipo Tiburones juegue un papel visible en la vida política de la entidad. El video señalado apenas es muestra de ello, pero la relación fútbol-política la hemos visto exaltarse en momentos clave de la vida política local. El mismo Kuri generó polémica mediática un año atrás cuando, al iniciar su campaña proselitista para hacerse diputado federal -por el Distrito electoral XV con cabecera en Orizaba-, efectuó un desfile del equipo Tiburones en aquella ciudad. El revuelo causado entonces no llegó a configurar infracción alguna para la Federación Mexicana de Fútbol, cuyos estatutos prohíben a sus agremiados expresiones políticas o religiosas públicas.

El fútbol, señalado a lo largo del tiempo como mecanismo de alienación de masas, y más recientemente como centro de una vigorosa actividad económica global con rendimientos estratosféricos, también permite lecturas de su uso político corriente, y así, hace las veces también de ventana por medio de la cual observar la vida social, pues caben en él relaciones sociales varias. Del vínculo poder político-deporte no es difícil encontrar ejemplos en la histórica moderna de México. Es inolvidable el apoyo, televisado, del salinismo a la carrera del gran boxeador Julio César Chávez. Incluso algunos de esos vínculos se han hecho rutinarios, allí están las llamadas presidenciales para felicitar por sus éxitos a atletas o equipos, así como la recepción de éstos en Los Pinos, casa y despacho del poder presidencial. También tenemos el otro lado de la relación: las trayectorias de deportistas convertidos en políticos.

Para el caso que nos ocupa, vemos al dueño sacando raja política de su club. Desde luego, otra cosa hubiera sido de no haber campeonado. Quizá aquí tenemos una condición para sacar esa ganancia política de un evento deportivo: si no se gana, no se genera valor suficiente para producir una llamada oficial que, mediante la felicitación, capitalice al poder. En Veracruz se ejemplifica lo anterior con la Copa Mx. Pero es desde muchos años atrás que en el deporte vemos asociaciones con el poder. Una de ellas, la asociada con el uso de símbolos, en particular con el color rojo, me parece perturbadora.

No es desconocida la asociación del color rojo del PRI con los uniformes deportivos en representativos veracruzanos. Casos notorios de esto son los Tiburones Rojos, los Rojos del Águila de Veracruz (la escuadra de béisbol) y los Halcones Rojos Veracruz de básquetbol. Ese color no es cualquier cosa para la experiencia de ser veracruzano. El sexenio pasado la política enloqueció con el mensaje de un Veracruz rojo priista que llevó a pintar de tan emblemático color a taxis, escuelas públicas y edificios de gobierno, marea que incluyó a los mismos uniformes de los empleados públicos. El rojo semejó entonces un activo gubernamental-partidista.

Hoy ese rojo priista y futbolero juega políticamente en la campaña de Yunes Landa. Así la política pervierte al fútbol, si bien antes la empresa había hecho lo propio con la política. La siniestra “democracia” roja jarocha, que ha sido un inmenso castigo para la ciudadanía, aprovecha un limpio triunfo en el campo de fútbol -experiencia que nunca encuentra en las urnas- para apuntalar a su gallo político. Si bien la pelota no se mancha, como dijera Maradona, puede decirse que en Veracruz tenemos políticos empecinados no sólo mancharla sino en prostituirla.

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