La redimensión de nuestro jueguito de pelota

Por Ángel Cabrera Baz

Johan, como tú bien sabes –te hablo en presente porque tus expresiones siguen con nosotros- los seres humanos hemos desarrollado multiplicidad de maneras para encontrar placer, pero pocas tan efectivas como el juego. A través de éste, el goce se maximiza y toma un sentido más amplio. Tú comprendiste perfectamente que el fútbol, como juego, pasaba necesariamente por ese disfrute; asimismo que ganar es muy importante, pero no más que el cómo hacerlo. Para ti este jueguito, que ancestralmente nos envuelve, tiene un destinatario muy claro, y no es precisamente un dueño multimillonario.

Tu historia da para muchos episodios de película. Sabes de muchas cosas, pero crees saber de muchas más; eres capaz de discutir con el mejor florista de cómo sembrar los tulipanes más grandes, con un piloto la mejor forma de aterrizar; pero por algo la vida te puso de niño frente a tu alma mater, donde tu madre trabajaba desde su viudez, el sitio de la génesis para lo que más has sabido, en la Arena Boulevard. Tu suegro fue quien negoció tu primer contrato con el Ajax, con lo que inauguró –como muchas tantas otras cosas- la era de los representantes. Cargado de ligas, Champions y copas de los llamados “hijos de dios”, el Real Madrid te reclamó, pero tu rebeldía y una comisión exorbitante del Barcelona hicieron de Cataluña tu hábitat, por lo que antecediste a Figo con el grito de “pesetero”, situación repetida con el Albacete de la segunda división, por ser el único jugador de la plantilla que cobraba –y vaya que cobrabas.

Recuerdo en mi adolescencia la animadversión hacia un equipo de blanco que televisa pasaba cada semana, por relacionarlo con el América y, posteriormente, por conocer su historia, así como el deleite de ver a un tal Dream Team vestido de azul-grana, que me hacía recordar el goce otorgado por el Brasil del Mundial 82. Barcelona ha sido tu obra maestra, no por darle el título de liga en tu primer año de jugador después de 14 temporadas, no por ser “el holandés volador” que hacía goles impensables y jugaba de todo, no por su primera Champions, en el 92, como entrenador, no por ayudar a quitar el victimismo que emanaba en Barcelona por sus épocas aciagas; sino por forjar una manera de ser y sentir un club, una ciudad, un juego.

Eres capaz de ver a tu comandante en un tipo delgaducho y “lento”, de saber que para que un equipo se identifique plenamente con su gente debe formarse de su gente. El Barcelona podrá perder, empatar o ganar, pero mientras mantenga en la médula tu filosofía, el éxito pleno, como tú lo concibes, estará siempre en su órbita.

Johan, te peleas con muchos y seguramente ahorita lo haces, pero el Ajax, Holanda –ahora extraviada-, Barcelona, España han plasmado tu sello. He escuchado a varios decir que quien quiera espectáculo vaya a otro lado, porque el fútbol no es para eso, incluso que el circo es un mejor sitio. Johan, gracias por saber desde siempre que este jueguito llamado fútbol está hecho para divertirnos, soñar, disfrutar, perder, ganar, sentir…, gozar. Gracias, Johan.

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