El último de los románticos

Por Juan Carlos Cabrera Pons

Johan Cruyff es la repuesta que siempre he dado a la eterna pregunta “¿Pelé o Maradona?”.

Lo digo siempre con el dejo de falsa modestia y pretendido ingenio de quien se cree distinto. Sin embargo, no me parece que de mí se alcanzará a decir como habría que afirmar catogóricamente de él: Johan Cruyff era diferente.

Su muerte me ha dejado más tocado de lo que me da vergüenza aceptar. De él aprendí que el fútbol debe leerse en varios niveles, muchos de los cuales sólo cobran sentido por la potencial belleza que encierran (la improvisación, la orquestación, el riesgo). El fútbol, la más valiente de las geometrías, ese vicio que compartí con mi padre.

La altura de su loca genialidad sólo puede compararse con el tamaño de su ego. Esto se ha dicho de un selecto grupo de artistas (Beethoven, Goethe, Lord Byron, etc.) De todos ellos podemos afirmar que la imagen de su personalidad pervive tanto (a veces más) que el contenido de sus obras.

De pie, al borde de la línea blanca, observando a los jugadores de su Dream Team, el abrigo oscuro descansando sobre sus hombros, el palito blanco de una Tutsi Pop sobresaliendo de entre sus labios. La confianza plena en un sistema, su sistema; en un fútbol, su fútbol; en una leyenda, la leyenda de sí mismo.

Johan Cruyff, como los héroes del XIX atroz, fue su propia obra.

Fichó por el rival. Decidió de propia voluntad ausentarse de Argentina 1978 (como protesta contra el gobierno del país sudamericano, agregó). Arremetió contra la directiva de su propio club. El fútbol será total, o no será.

¿Quién no ha agotado hasta el cansancio los primeros minutos de la final de 1974? Recibe el balón en la lateral derecha y segundos más tarde es derribado mientras entra tranquilo al área grande de sus rivales. Ningún jugador de la campeona Alemania Occidental había tocado aún la pelota. 90 minutos más tarde afirmaría: “perdimos, pero la historia nos va a recordar a nosotros”.

¿Quién no reconoce la fotografía, el instante detenido en que desvía un pase inalcanzable de Carles Rexach? Su cuerpo distendido presionando contra el lente de la cámara una forma insospechable del espacio. Reina todavía recuerda con gusto el momento en que recibió el gol de quien comenzaría a ser conocido como el Holandés volador.

¿Ignora alguien qué dijo a sus jugadores en la final de la Copa Europea de 1992? 0-0 contra la Sampdoria de Roberto Mancini y Gianluca Vialli. Tiempos extra. Se plantó frente a los suyos, retiró la eterna Tutsi Pop por un instante de entre el cerco de sus dientes; les dijo: “salid y disfrutad”.

Gràcies, Johan”, se han despedido de él por todo el mundo. Ya puedo verlo recibir el agradecimiento con sobrada soberbia. No responde “de res”. No descansa (no quiere) en paz.

Anuncios

4 thoughts on “El último de los románticos

  1. talesdemixcoac says:

    Gran texto. Gran homenaje: “perdimos, pero la historia nos va a recordar a nosotros” me hace pensar en el clásico del sábado; no ha habido mejor forma de memorarlo en el campo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s