Cuauhtémoc Blanco: anhelos y realidades

Por Ángel Cabrera Baz

Como hace poco tiempo, con la llegada de Francisco Bergoglio, este fin de semana resultó difícil escapar al boom mediático de la tan cacaraqueada despedida –por enésima vez– del ídolo de Tepito, avecinado en coapa por largo tiempo. No soy seguidor del América y tampoco del máximo anotador de la selección en competencias oficiales; pero, a mi juicio, encarna perfectamente varios de los anhelos del fútbol mexicano, así como otras tantas de sus amargas realidades.

Desde su debut se le podía observar como un jugador con muy buena técnica individual, encarador, con gran velocidad y facilidad para anotar. Con el paso del tiempo mejoró su disparo, regate y pase de gol, pero sobre todas estas habilidades destaca un atributo pocas veces manifiesto en el futbolista mexicano: la capacidad de sacar sus mejores condiciones en los momentos más complicados –principalmente en la selección mexicana. Goles y acciones del nacido en el barrio de Tlatilco de la Ciudad de México sirvieron para ganar la copa confederaciones de 1997, remontar un 2-0 contra Bélgica en Francia 98, guiar la calificación para el mundial de Sudáfrica 2002 (aun si estar plenamente recuperado). Fue campeón y subcampeón con América, hizo del Veracruz y el Chicago Fire equipos contendientes. Como jugador de barrio –por su estilo de juego y forma de ser– se forjó en un “héroe” del fútbol mexicano, pero, más allá de esta “construcción”, es indudable su valía en los grandes eventos futbolísticos.

También, desde sus inicios, el apodado “Camello” dio muestras de su poco apego al gimnasio –baste ver su contextura física mientras era futbolista–; su proclividad a la marrullería –la cuauhtemiña y varias broncas[1] lo atestiguan–; su poco compromiso a un proyecto cuando era lidereado por alguien poco afín;[2] su poco profesionalismo –y de los directivos de la selección–, al escaparse de una “concentración” para pachanguear y ser encubierto con una despedida forzada que Sven-Göran Eriksson nunca entendió; su indiferencia a la legalidad –sin importar su carácter de presidente municipal–, al forzar una despedida por la anuencia de la todopoderosa Televisa sin importar que no estuviera inscrito desde el inicio del torneo, como marca el reglamento.

Estos son apenas algunos de los esbozos del fútbol nuestro de todos los días.

[1] Generalmente las iniciaba aunque no participara en ellas. Como ejemplo está la de Copa Libertadores con el América, por la que se vetó por un año el estadio Azteca para este torneo. Además contaba con “guardaespaldas” en el campo, que sí estaban dispuestos para estos menesteres (como Isaac Terrazas). Uno de los pocos que sí pudo acceder –entiéndase como desquitarse con un buen trancazo– por estas marrullerías fue Israel López, quien jugaba para Toluca.

[2] Con Lavolpe decidió no participar en la Copa Confederaciones 2005, situación que, aunada a otros conflictos, hizo que no fuera al mundial de Alemania 2006.

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One thought on “Cuauhtémoc Blanco: anhelos y realidades

  1. Saúl AG dice:

    Me parece que sería interesante realizar un análisis profundo de este personaje, sobre todo contextualizado en su título de ídolo del americanismo y de muchos mexicanos no necesariamente americanistas. ¿Cómo se asumen y qué valores se atribuyen los americanistas? ¿Qué valores le son atribuidos a Blanco con base en su acciones y actitudes?

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