La evolución del catenaccio

Por Francisco Gabriel Ruiz Sosa

Del 24 al 28 de agosto se celebró en Villavicencio, Meta, el 2° Congreso Internacional de Educación Física, Recreación, Deporte y Actividad Física y la 3ª Jornada Latinoamericana y Caribeña de Deporte Social para la Inclusión. Participé en el Congreso con una ponencia que titulé: La evolución del catenaccio: El sistema de juego 3-5-2.

Para esta ponencia me serví de Hegel. Dos textos suyos me apoyaron en la fundamentación del escrito: Fenomenología del espíritu [sección A, del capítulo 4, que es donde el filósofo alemán desarrolla la lucha a muerte entre dos autoconciencias, a fin de ganar el reconocimiento y poder aspirar a la autonomía] y Enciclopedia de las ciencias filosóficas. También recurrí las interpretaciones que colige Kojève de lo que se conoce como la dialéctica del amo y el esclavo. Más adelante relacionaré los planteamientos hegelianos con la descripción del catenaccio y del sistema de juego 3-5-2. Este último es interpretado en mi escrito como una evolución del catenaccio.

Procuraré hacer memoria de mis planteamientos presentados ese día en tierras colombianas. Era necesario comenzar por el concepto de táctica y, principalmente, centrarme en la función de la táctica. Pues bien, definí la función de la táctica, a partir de Randrup, como la distribución de los futbolistas en sectores estratégicos del campo con la finalidad de no ser superados por el rival.

Puesto sobre la mesa el concepto y función de táctica, pasé a explicar el cerrojo italiano. En mis lecturas descubrí que la desventaja física y psicológica atribuida a los italianos –la tan hablada mentalidad de trinchera– era tan sólo un mito cuya creación atañe al periodista Gianni Brera. Brera afirmaba que los italianos eran unos canijos mal alimentados a los que no les quedaba de otra más que esperar al rival en la defensa, para luego atacarlos a la menor oportunidad, puesto que en condiciones de igualdad era imposible que ganaran. Puede decirse que su campaña coincidió con el fútbol que comenzaba a practicarse en Suiza por Karl Rappan. Había nacido el catenaccio.

La dialéctica del amo y el esclavo me permitió darle una explicación al mito de la mentalidad de trinchera, producto de una supuesta superioridad evidente que estaba en posesión de los demás futbolistas europeos, pero no de los italianos, de aquellos que habían hecho de invasores en la posguerra. No obstante este mito devino en realidad. De ahí la imagen que se tiene de que los tifosis esperan el golillo al contragolpe.

Aunque algunos italianos nieguen que se practica el catenaccio en su fútbol, basta dar una mirada a la Serie A para observar el planteamiento de cada equipo, la cantidad de goles en el marcador y la narración del narrador (“golearon a la italiana, 1-0”). Esto es suficiente para aseverar que el catenaccio es la realidad cultural del fútbol italiano. Es genético: el gen catenaccio.

De acuerdo con Hegel, en esta dialéctica del amo y el esclavo dos autoconciencias están en pie de lucha por el reconocimiento; sólo una de ellas conseguirá el estatus de amo. A modo de analogía, la autoconciencia que abandona el reconocimiento por miedo a la muerte es la autoconciencia italiana que renunció a la lucha legítima por gozar de una autonomía y que terminó por adquirir la categoría de esclavo (aunque esto es provisional, según Hegel); mientras que la autoconciencia que gana el reconocimiento, aunque objetual, obtiene la categoría de amo. Sin embargo, Hegel explica que la creación de la cultura está en manos del esclavo, puesto es éste quien tiene acceso a la naturaleza y la cultiva con su trabajo.

En el caso de los italianos, se les reconoce actualmente gracias a la adopción de un fútbol que es producto de la cultura futbolística extranjera, que buscaba otros planteamientos para obtener la victoria desde su condición de esclavitud; esto desde la interpretación hegeliana. Es esta autonomía la que es auténtica, a diferencia de la obtenida por el amo, el cual recibe el reconocimiento de una autoconciencia que prefirió asumirse como objeto en lugar de persona, e invalidó, de este modo, todo grado de satisfacción por parte del amo, pues se encuentra en una supuesta autonomía. No obstante, la autoconciencia en estado de esclavitud tiene la oportunidad, negada al amo, en este proceso de transformación (negación de la negación, dialéctica hegeliana al fin), de adquirir auténtica autonomía, al ser reconocida en sí y para sí. Además del reconocimiento de otra autoconciencia autónoma.

Lo que cabe agregar en la explicación de Hegel es que la autoconciencia puede asumir como propia una creación cultural que no es propia. En este caso apelo a ese canijo aprovechado que supo hacer como identitario un fútbol que originalmente no fue producto de su “genuino” trabajo. Realmente el trabajo de los italianos consistió –o consiste– en perfeccionar lo que otro creó. Hicieron suyo un estilo de juego creado por otras mentes. Sea cual fuere el caso, los italianos encontraron en el catenaccio su reconocimiento.

Queda claro que el fútbol italiano no ha creado propiamente sus sistemas de juego, pero sí han perfeccionado estos sistemas defensivos, a partir de su emulación. Al menos dos de estos sistemas han sido tomados por los italianos y desarrollados en magistrales condiciones. Puede decirse que han adoptado de los extranjeros su herencia futbolística. Escribí en plural “sus sistemas”, pues el catenaccio fue creado por Karl Rappan para la selección suiza; pero fue bien desarrollado y aplicado en Italia por Helerio Herrera, un argentino (Del catenaccio al fútbol total (I/III): la década de Helenio Herrera). Así también la idea de los tres centrales en la defensa fue idea de Bilardo, quien la puso en práctica con la albiceleste en el Mundial de 1986. Este sistema defensivo, bajo el timón de Conte y Allegri, ha proporcionado a la Juventus buenos resultados.

En mi ponencia expuse que el sistema 3-5-2 es una evolución del catenaccio. En el sentido de que concede en el sector defensivo el papel crucial del equipo. Lo dinámico de este sistema es que puede volverse aún más defensivo: puede pasar del 3-5-2, al 5-3-2, o al 5-4-1; siendo los carrileros quienes otorgan este dinamismo. La función de cada futbolista que adopta el sistema es determinante. De ahí que las características necesarias para desempeñar determinadas acciones dependerán de la versatilidad del jugador, la cual es estrictamente obligatoria en el fútbol actual.

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