El gesto futbolístico de todos los tiempos

Por Ángel Cabrera Baz

En este mundo futbolístico de superestrellas mediáticas en que muchas veces resultan más importantes los anuncios de televisión o la conquista de la top-model reciente, quizá el nombre de Carlos Humberto Caszely diga poco, y vaya que meritos futbolísticos los tiene: es uno de los referentes históricos del Colo Colo; tercer máximo goleador de la selección chilena; conocido como “el rey del metro cuadrado”, por su eficiencia en el área chica. Pero cuenta con otros meritos que lo enaltecen mucho más que estos.

En 1973, como flamante campeón goleador de la Copa Libertadores, decide incursionar en el futbol ibérico. Se marcha al Levante de la segunda división española, un destino menor si pensamos en su envergadura futbolística. “Antes el Real Madrid se había interesado en mí, pero al enterarse que apoyaba a Salvador Allende desistieron, además siempre he sido un hombre de pueblo”, declararía 30 años después.

El mismo año, poco tiempo después del bombardeo a La Moneda, el equipo chileno se marcha a Moscú para jugarse en una repesca –una de las más politizadas de la historia– su pase al Mundial de Alemania. Por esta situación el equipo nacional chileno será recibido por el general Augusto Pinochet, para lo que Caszely decide premeditadamente realizar lo que Víctor Hugo Morales narra como “el gesto futbolístico de todos los tiempos”: no extenderle la mano, “a Pinochet no lo jugaba con los pies, había que retarlo con las manos”.

Pero regularmente situaciones como ésa se cobran, y muy caro. Pequeñas muestras inician, Caszely paga de su bolsillo el “olvido” de su boleto de avión por la delegación chilena. En el primer partido contra la entonces Alemania Federal, después de recibir una sarta de patadas del Berti Vogts (curiosamente quien en el Mundial de 1978 declarara “no entiendo porque tanto revuelo por Argentina, es un país donde reina el orden, yo no he visto algún preso político”), se desquita de la misma manera y se convierte en el primer jugador en ser expulsado de un Mundial. Es acusado entonces de hacerse expulsar para no jugar contra “sus hermanos de cerebro”, los alemanes democráticos, y de no guardar una posición marcial durante su himno.

A partir de entonces el delantero vivió una intermitencia en la selección, siempre bajo sospecha de lo que decía y hacía. Para 1978, el general Eduardo Gordon, presidente de la asociación chilena de fútbol le impone sin matices al seleccionador Caupolicán Peña que no vaya Caszely al mundial.

El verdadero costo lo podemos conocer hasta 1988, en la campaña del referéndum pactada entre los militares y la oposición, en el que los chilenos decidirían se Pinochet seguía gobernando hasta 1997 o se abría paso a un gobierno democrático. Entonces se le pide que participe en la campaña del no a la continuidad militar, a la que amplios sectores del espectáculo y la cultura se habían unido, proponiéndole que diga una frase, a lo que responde: “si voy hacer algo, quiero hacerlo con mi madre”. Su aparición tiene lugar en un anuncio en que se habla de la magnitud y el dolor que han acarreado las torturas del régimen militar.

Aparece entonces la señora Olga Garrido, una desconocida hasta entonces, con su testimonio construido de pura dignidad serena: “yo fui secuestrada en mi hogar y llevada a un lugar desconocido, donde fui torturada y vejada brutalmente una y otra vez. Pido el voto para el no en la búsqueda de una reconciliación nacional que termine con los odios”. Luego Caszely, de pelo largo y con su bigote inconfundible, aparece situándose a su lado: “porque su alegría que ya viene, es mi alegría. Esta linda señora es mi madre”.

Carlos Humberto Caszely, multigoleador de la liga chilena con el Colo Colo y máximo goleador del cuadro cacique con 208 goles, mejor jugador de la Copa América de 1979, deja cortos estos logros en el campo por la dignidad de su actuar en muchos otros.

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Los fragmentos entrecomillados fueron tomados del libro Futbolistas de izquierda, de Quique Peinado.

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One thought on “El gesto futbolístico de todos los tiempos

  1. Juan Carlos Cabrera Pons says:

    Qué buen artículo, Ángel. Lo de Caszely es enorme y, sobre todo, creo que demuestra la influencia que puede tener un deporte tan mundializado para el cambio social. El fútbol puede ser nuestro aliado en esta lucha (Sócrates y el Sup de por medio).

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