Azul que se destiñe

Por Ángel Cabrera Baz

¿Por qué le vamos a tal o cual equipo? ¿Qué oscuras pulsiones nos dirigen hacia ciertos colores? Siempre he pensado que podemos encontrar rasgos de la personalidad de alguien al saber sus inclinaciones deportivas, o la falta de éstas; además que, de alguna manera, el equipo que elegimos representa algo, aunque sea una pequeña parte, de lo que somos o queremos ser.

Cuando empezaba a tener uso de razón recuerdo en la tele el sonido de un tatatataaaaaa-tan, tatatataaaaaa-tan, acompañado con imágenes de un héroe con sudadera a rayas que volaba bajo una portería, cuyo apellido de civil no era Kent, sino Marín. Eso es lo que produjo mi primer sentimiento sobre un equipo de futbol. Digamos, pues, que me llegó primero por el oído, pasó luego por las formas (de rayas) y después por el azul.

Ya de forma un poco más consciente, comprendí que era un equipo que se estaba acostumbrando a llegar a las finales y ganarlas; un equipo con pasión, que salió de un pequeño poblado donde su estadio le quedó pequeño y tuvo emigrar a la capital porque su afición crecía por doquier. Más mayor, supe que su nombre se lo debía a la cooperativa que representaba. Se puede decir que la parte sensible y racional estaban completamente de acuerdo, mi equipo debía ser el Cruz Azul.

Hoy la razón conspira contra aquel sentimiento primigeneo, pues su realidad dista mucho de aquellos orígenes. El problema es más grande que no ser campeón en los últimos 18 años, o el de contar con un solo título en los más de 35 años bajo la dirección de Guillermo Álvarez Cuevas. Estas situaciones no son menores para un equipo “grande”.

Soy un convencido de la importancia de ganar en el juego, pero otorgándole el mismo grado de importancia al cómo se gana. Cruz Azul no tiene claro cuál es el estilo de juego que quiere seguir. La elección de técnicos con estilos de juego contradictorio lo refleja. Las contrataciones de jugadores y/o técnicos nacionales y extranjeros —realizadas desde su promotor de cabecera, que se encuentra en Miami— pasan más por el negocio que por la calidad de los jugadores. Las fuerzas básicas han sido aniquiladas. Su afición ignorada con aumentos de taquilla incluso después de perder contra el rival más emblemático…

Ganar y perder son parte del juego, lo verdaderamente fundamental pasa por saber qué se quiere ser y la manera de acceder a eso que se quiere ser. Al inicio de este texto señalaba que, de alguna manera, el equipo que elegimos representa, aunque sea una pequeña parte, lo que somos o queremos ser. Con este Cruz Azul pecho frio no me identifico, me hace estar en stand by de equipo en México, quizá su destino y el mío sean estar separados o quizá, sólo quizá, algún día Cruz Azul recobre la memoria de sus orígenes.

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