La cuestión Pumas: ¿Ganar o ganar?

Por Juan Pablo Zebadúa Carbonell

Si hay alguien o algo que haya entronizado al América, después de más de una década de sequias de títulos y de protagonismos, es Memo Vázquez. Es legendaria su actuación como técnico de Cruz Azul en el 2013, cuando en 10 minutos América le arrebató el titulo con algo elemental de lo que este personaje carece: huevos.

Esto se traduce en que el fútbol –lo hemos dicho– no es un juego donde se ponen de manifiesto simplemente competencias y habilidades para jugar bien. Los equipos grandes lo son porque juegan por y con su historia. Esa es la “mística” con que se hace importante un club, y tal es el porqué los contrincantes ven en ellos difíciles sinodales a los que hay que aplicarse al máximo para poder derrotar.

Ese partido, nefasto pero al mismo tiempo congruente para un equipo como Cruz Azul, puso de nuevo en escena al América, de aquí en adelante. Antes de ese juego, el club de Televisa estaba alicaído, escaso, seco en ambición ganadora. Después de esos diez minutos finales en la Máquina, al mando de Memo Vázquez, sin ninguna idea reveladora que pudiera desentrañar lo que Cruz Azul ha desistido a lo largo de estos últimos 20 años –que es ganar un campeonato–, vio como su enemigo histórico se regodeaba en su miseria y le despojaba del triunfo. Hasta el portero americanista les metió gol.

Dijo David Faitelson que ayer en CU por poco se consume la peor de la tragedias en la historia de Pumas. Concuerdo totalmente. Si América hubiese ganado, después de que su rival llevara ventaja de 3 goles en el juego de ida, y con 9 hombres en la cancha, la jerarquía de la UNAM difícilmente se recuperaría. Memo Vázquez no sabe a quién dirige. En el primer juego, en el Azteca, el destino (y no su estrategia ni su fútbol) le puso en bandeja de plata la oportunidad histórica de sepultar para siempre a su acérrimo enemigo y mandarlo a la tumba: en el Azteca, en una liguilla, y con la ventaja a cuestas. Pero no. Vázquez optó por lo que sabe: se agachó, atrasó líneas, no generó ningún peligro ofensivo, quizá esperando un milagro que le diera paz a su corazón timorato. Y por poco el milagro sucede, pero en su contra.

América hizo lo suyo, como equipo grande que es. Se murió en la raya y se consumió en propia ansiedad. Pero honrar al fútbol y la historia de la UNAM significa haberlos goleado y eliminado. Desde luego que quiero ver campeón a los Pumas, pero Guillermo Vázquez no parece inmutarse. El chiste es pasar a la final, dijo, y ahora sí, tendrá que ser inteligente y sesudo, es decir, con arrestos suficientes para poder salir bien librado de esta final que se ve oscura.

Pero lo dudo. Hierba mala nunca muere. Ojalá equivoque, pero por lo pronto ya le dieron 3 años más de contrato. A sufrir.

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