Goya que reclama, azulcrema que desborda

Por Ángel Cabrera Baz

Ganar o perder es de vital importancia para trascender en el fútbol –como en muchos otros ámbitos de la vida–, para construir historia a través de las voces en las vitrinas; pero sostengo que tienen igual importancia las formas, el cómo accedemos a ese ganar o perder. Existen estilos que pueden llenarnos más el ojo, que nos invitan al goce, los cuales serán más recordados si están respaldados por títulos. Otros pueden no gustarnos tanto, pero manifiestan modos de ser, expresiones de sentires. Más allá de la invitación estética, creo que es fundamental en un equipo saber a qué se juega y ser congruentes con esa forma de juego.

Pumas a lo largo de su historia se ha caracterizado por ser un equipo dinámico, pasional, propositivo, en comunicación directa con su tribuna, un equipo con sangre que da gusto ver aunque uno no sea puma. Al concluir la más reciente serie con el odiado rival, su técnico declara, palabras más palabras menos: conseguimos el resultado, eso es lo que importa, estoy satisfecho. A lo cual yo alegaría: ¿de veras deja satisfechos a los pumas –jugadores, afición, directivos– no buscar jugar con el estilo que lo hizo durante la fase regular?, ¿ser timorato en gran parte de ambos juegos, no mostrar sangre para terminar con un rival con nueve jugadores, contar con expresiones de simulación grotesca por parte de su portero?, ¿no ser congruentes con tu historia?

América nació y se ha desarrollado como el equipo perfecto para ser odiado y querido, más lo primero que lo segundo. Por quien está detrás, por ser generalmente el más rico del barrio; a menudo busca tener muy buenos extranjeros y una base de mexicanos importante, se caracteriza como un equipo propositivo, pasional, intenso. En ambos partidos con pumas busco ganar con los argumentos de su historia; igualmente, en la mayor parte de ambos partidos, tuvo más volumen de juego que su rival, mayores oportunidades de gol, con 11, 10 y 9 jugadores. Pero también apareció un factor que ya había mostrado durante la temporada: la inestabilidad emocional, fue el equipo más indisciplinado del torneo.

Hoy, si yo fuera puma, me sentiría triste-contento (en ese orden), por estar a punto de jugar una final con un equipo que no me representa. No que haya jugado bien o mal, sino simplemente que no ha buscado ser fiel a su pasado reciente e histórico. Si yo fuera águila –que la boca se me haga chicharrón–, me sentiría contento-triste (también en ese orden), por un equipo que mostró congruencia con su pasado reciente e histórico, aunque no jugará la final y necesite reflexionar sobre su temple.

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2 thoughts on “Goya que reclama, azulcrema que desborda

  1. Gabriel Sosa dice:

    Hola, Ángel. Espero que Pumas no termine apostando al resultado, en detrimento de su historia. Porque tarde o temprano le terminará cobrando factura. Los buenos resultados solo son aparentes cuando se atenta contra la historia; son efímeros. El club universitario ahorita está en la final y quizá la gane así. Ojalá la gane, mas no así. Pero este tipo de apuesta solo brinda goces aparentes, si no, preguntémosle a Brasil. Selección que apostó contra su historia, y ahora no termina de entender ni de asumir sus consecuencias. Observación tuya, Ángel, con la cual coincido. Espero que no sea así con los felinos, porque Pumas es un equipo con una rica historia, y sería muy triste dejar de ver a unos Pumas dinámicos, aguerridos y con corazón, solo por agregar una estrella más.

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