El día después de la Copa Oro 2015

Por Juan Carlos Cabrera Pons

México obtuvo ayer su séptima Copa Oro. El Piojo festejó como si los dioses del fútbol fueran a perdonarle tal arrogancia, y hoy en la madrugada, tras una semana de irregularidades y denuncias, el IEPC municipal declaró como nuevo alcalde de una ciudad que dejaré en un par de semanas al candidato del PVEM-PRI.

Efigenio E. Bacardi define, en su Diccionario de las ciencias olvidadas, la inteligencia como la “capacidad de encontrar semejanzas en lo diferente y diferencias en lo semejante”. No creo que a Miguel Herrera le importe ni el perdón de las probables deidades futbolísitcas ni la improbable mayoría de votos que le otorgan la presidencia municipal de la capital de un estado que él mismo ha patrocinado al partido por el que también ha velado en repetidas ocasiones.

Los aficionados solemos creer en una suerte de mística del fútbol. Te da lo que le ofreces, te devuelve lo que le otorgas. Como afirmó John Lennon: “in the end, the love you give is equal to the love you take” (No sé cuánto sabía Lennon del amor, pero de algo estoy seguro: sabía mucho de fútbol). La gente que más dinero obtiene del fútbol, sin embargo, cree en un dios diferente, un dios de papel con la cara de algún ex-presidente de Estados Unidos impresa en tonos verdosos.

En lo personal siempre he creído que el fútbol institucionalizado hace décadas descubrió que para generar ingresos poco importaba el amaño de partidos. Seguro que algunos partidos se arreglan, pero el dinero grande grande está en otro lado. Bien lo saben los apenas cinco títulos que suman los Tigres de la UANL y el América (los equipos más ricos de México) en los últimos veinticinco años. Creo que Blatter y Havelange hubieran estado igual de felices si Jamaica y Panamá hubieran jugado la final del Mundial (quizá el mundo hubiera volteado más la mirada hacia esa novedad que hacia otro Italia-Francia).

La globalización tiene otras reglas, quizá más perversas, para ser corrupto y generar ingresos, y la gente del fútbol profesional ha tiempo las descubrió. ¿Cómo funcionan exactamente? No lo sé del todo, pero tienen mucho que ver con las redes del mercado internacional, el capitalismo exacerbado, el empobrecimiento progresivo de ciertas naciones… Quizá los habitantes del tercer mundo preferiríamos que se amañaran de partidos. En fin.

Entonces viene la Concacaf y su Gold Cup. De 1963 a 1989, la entonces llamada Concacaf Championship se jugó en más de siete países diferentes y tuvo a seis campeones distintos. En 1991 cambió su nombre a Concacaf Gold Cup. Se ha jugado unánimemente sobre suelo estadounidense (compartido dos veces con México y una con Canadá) y la han ganado únicamente tres equipos: México, Canadá y Estados Unidos. Aún más: desde 1991, sólo en una de las 13 finales no han participado ni México ni Estados Unidos, y eso fue ya hace 15 años.

En resumen, desde 1991 el torneo parece haberse puesto mucho más aburrido, aunque quizá mucho más redituable.

Cualquiera que haya visto alguno de los partidos de la pasada emisión de la Copa Oro, seguramente notó que los estadios en los que jugaban México o Estados Unidos se llenaban, mientras que los partidos de las otras selecciones solían variar del casi lleno al casi vacío. No es de extrañarse, en Estados Unidos viven cerca de 20 millones de mexicanos, mientras que en todo Haití no hay 10 millones de habitantes. Los derechos por la transmisión y el precio que los patrocinadores están dispuestos a pagarle a la Federación por tiempos y espacios durante los juegos seguramente variaron de la misma manera.

¿Necesita la Concacaf que México o Estados Unidos jueguen hasta el final del torneo? ¿Fueron inocentes los errores arbitrales que le permitieron a México llegar a la final sobre Costa Rica y Panamá? Estas preguntas se orientan todavía más hacia una dirección determinada cuando recordamos que el partido que definirá al participante de la Copa Confederaciones (si hay un torneo cuyo único objetivo es el de generar ingresos es el antes llamado Mundialito) será jugado entre Estados Unidos (campeón de la anterior Copa Oro) y México (actual campeón) en el Rose Bowl de Pasadena, uno de los más grandes estadios de la Unión Americana ubicado en la tercera zona del mundo con más mexicanos.

No quiero seguir especulando. Lo que sí quiero es dejar claro que repudio la manera en que se ha venido festejando todo esto en mi país, del mismo modo que sospecho de las elecciones llevadas a cabo en Chiapas la semana pasada. Hay formas de perder (el Bolillo Hernán Darío Gómez dio una gran lección al respecto) y formas de ganar, y el Piojo y su verde partido todavía tiene mucho, mucho que aprender sobre buen gusto.

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4 thoughts on “El día después de la Copa Oro 2015

  1. juan pablo zebadua says:

    No se sabe si el Piojo sabía que lo echaban. De todos modos se embolsó como 30 millones de pesos al reincidir contrato. No esta mal para alguien que no sabe de fucho…

  2. Josué says:

    El Piojo les dio el pretexto perfecto a los de la FMF para sacarlo. Aunque estoy seguro de que el final de la Copa Oro iba a ser su final como técnico, ganara o no ganara. Lo que está feo es no aprender a cuestionar a los directivos. ¡Gran artículo!

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