El piojo no da una

Por Juan Pablo Zebadúa Carbonell

El “Piojo” Herrera no da una. Se pone energúmeno y se desdice; insulta y luego baja la cabeza. En efecto, como bien dice Christian Martinoli: qué diablos pasa en la cabeza de este señor que no se dio cuenta de la locomotora que le arrolló su sueño “verde” y su feliz amasiato con la prensa futbolera del país. Piojo, bienvenido al mundo real. Esto no es jugar contra Nueva Zelanda, Israel ni CONCACAF y demás. Esto se llama competición de alto nivel, un concepto del que el entrenador de la selección carece y que además está a años luz de poseer.

Pero eso sí, después de que le metan ¿10 goles? a Cuba y otros 10 a Guatemala (o ¿cuántos les gusta?) en la devaluada y paupérrima Copa de Oro, dirá el dilecto Piojo que somos una pandilla de malagradecidos que vituperamos su sacrosanta figura y, ahora sí, agárrense todos que la superpotencia de Centroamérica llegó por fin. Entonces los directivos se limpiarán sus costosos sacos y se secarán el atisbo de sudor que les propició el susto del rotundo y maloliente fracaso de la Copa América. Y, claro, no pasará nada de nada, porque las cosas como son: en el fútbol mexicano importa todo menos jugar fútbol.

Miguel Ernesto Herrera Aguirre, Piojo como es (y cómo no, si vota por el PRI-Verde), primero dijo que “todos somos responsables” del ridículo de la Copa América. Sí, leyeron bien, todos: los aficionados, los periodistas, los clubes, Cuauhtémoc Blanco, Denise Dresser, etc. Después, of course, los malditos árbitros que no alcanzan a vislumbrar el encanto de la depurada técnica de nuestro fútbol, y al final el villano fue el periodista Martinoli, a quien el entrenador llamó pendejo por hacer una ácida crítica al miserable desempeño del que apodan como insecto en Sudamérica. Vaya. Y para no variar en su tendencioso y pendenciero comportamiento, agachando la cabeza, se disculpó por encargo de sus patrones para no deteriorar más la, ahora así, patética figura de un entrenador de fútbol que ni sabe lo que hace y que cada vez está más solo que nunca.

Volvemos a preguntar: ¿apuntaron las placas del tren bala que hizo el descomunal desastre que implica en el fútbol nacional el perder con lujo de humillación, en menos de un mes, la selección femenil, la Sub 20 y la selección nacional en Chile? Las tres se fueron en la primera ronda, y todavía hay alguien que pueda creer que no estamos en crisis futbolera. Porque ya lo dice la máxima: país jodido, deporte jodido. O como dicen en mi pueblo: ahí lo ven.

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