Lo verde del Piojo: México y la Copa América

Por Juan Pablo Zebadúa Carbonell

No podía ser de otra manera. El anticipo de lo que vendría –y vendrá- está a flor de piel. El ya estrepitosos fracaso de México en la Copa América, el evento futbolístico más importante del continente americano, no espanta a nadie. O casi nadie, a excepto de la corrupta Federación Mexicana de Fútbol y del propio Piojo Herrera, entrenador de la selección que, seguros de su psicosis deportiva, seguirán pensando que México puede ser campeón del certamen.

Con una selección parchada, con jugadores mediocres y fuera de ritmo (no es broma: ¿a quién, con tres dedos de frente, se le ocurre llamar a Matías Vuoso como ariete y goleador del Tri?), México opta por ser protagonista en la Copa de Oro, un remedo de la mafia de CONCACAF para que el país puede tener trofeos internacionales. Ese es el nivel de nuestro fútbol: al medirnos con equipos de la talla de Guatemala, Cuba y Trinidad y Tobago ­(que, se sabe, no son potencias futbolísticas ni mucho menos), soslayamos a los sinodales de altura y de prestigio, no sólo continental, sino a nivel internacional que existen en Sudamérica, como Argentina, Brasil, Uruguay Colombia.

¿Cómo quieren, entonces, llegar al ya mítico quinto juego en los mundiales? ¿Por qué el Chicharito Hernández, nuestro crack, está en la banca y no juega en Europa? ¿Por qué nunca somos referencia en el futbol? Respuestas: porque no hay fogueo internacional; porque tenemos una liga millonaria, en la que no se produce fútbol sino obscenas ganancias en los bolsillos de los dirigentes y dueños del deporte nacional; porque a lo largo de casi 30 años, sólo un jugador mexicano ha destacado más allá de nuestra anodina liga, como lo fue Hugo Sánchez (hay destellos como Rafa Márquez, Andrés Guardado o Carlos Vela, pero nadie de su talla).

En un ambiente de fútbol en que nuestro entrenador se dedica a hacer apología al Partido PRI-Verde (lo que nos da cuenta de su estatura moral con respecto a lo que sucede en el país), en vez de dedicarse a hacer buen fútbol que realmente compita en las canchas donde de verdad se juega y no se tranza ni se compran resultados, no tenemos mucho a donde ir. Pero lo peor es que no entienden los directivos lo que realmente pasa. No somos gigantes de nada, ni de la federación más débil del planeta, como lo es CONCACAF, ni de nuestros acérrimos rivales centroamericanos y, por supuesto, Estados Unidos, quien desde hace mucho, pero mucho tiempo, es realmente la potencia de esta zona.

Y aún cuando ya realmente pensábamos que tocábamos fondo con el increíble chasco que significó apenas pasar casi de relleno al Mundial de Brasil, al contrario: se cierran filas en torno a la corrupción y las ganancias que significa monopolizar la selección mexicana. Porque, seamos claros, ir a la Copa de Oro en vez de Sudamérica representa mucho más ganancia, pero no por la eventual presencia en la Confederaciones (que quizá, sólo así) sino por la publicidad que genera un torno inventado a modo para México.

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Queda más claro que el “buen” resultado del Mundial de Brasil se debe a una formidable y hasta cómica chiripa, en la que el Piojo, entusiasta como es, gordito bonachón y hasta simpático holgazán del fútbol, logró animar a los jugadores para sacar la casta patriotera (“un soldado en cada hijo te dio”) y pasar a la segunda ronda. Pero bastó un solo reordenamiento táctico de Holanda para que en 10 minutos quedáramos fuera del Mundial. Así de simple y de contundente. Y nada de maldiciones ni de penales inexistentes: no sabemos jugar bien al fútbol. Punto.

Y el buen Herrera, quien no pierde su tiempo (y sus millones) y arenga a votar por lo peor de la corrupción política del país, se enfada porque se le exige que, como figura pública y nacional, debería estar más atento a su chamba y más apegado a las exigencias de un deporte que cada vez requiere de inteligencia y estrategia, no de pensamientos idealizados desde los poderes fácticos de quienes gobiernan el fútbol mexicano, cuando se dice que seremos campeones sin siquiera saber tocar un balón.

Desdeñar la Copa América es hacer patente la perspectiva de nuestro fútbol, a mediano y largo plazo. Para bien del fútbol mexicano, es preciso seguir insistiendo en que tocar fondo tiene que significar renovación. No hay de otra. Ojalá, insisto, para bien de nuestro balompié, no sólo se fracase en la Copa América, sino que nos vayamos con un descomunal ridículo perdiendo también la Oro, y con ello se vislumbre una nueva oportunidad para generar una urgente vuelta de tuerca al fútbol nacional. Por eso, amigo Piojo, con tu PRI-Verde y con esta verde nacional que diriges, ni a la esquina.

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