Chicharito reloaded

Por Juan Pablo Zebadúa Carbonell

Hay que reconocerle al Chicharito Hernández su carácter. Esa enjundia que no es muy peculiar entre los jugadores mexicanos. Cojones, queremos decir.

Se fue de México a bajo precio, cuando su único pedigrí era haber ganado el campeonato de goleo en una liga menor y con bajo rendimiento para los estándares internacionales, como lo es la Liga Mexicana. Sin saber casi inglés, o chapurrearlo en todo caso, se convirtió pronto en el traductor de los latinoamericanos del Manchester United. También supo manejar esa imagen de joven imberbe, inocente y desprovisto de esa extraña aura de jugador profesional de alto impacto. Y lo más importante: en vez de darse a conocer con Javier Hernández, puso en su camiseta su apodo, Chicharito, casi impronunciable en otro idioma y que sólo en México significa algo (que son las alverjas o guisantes de otros países).

Eso denotó que Chicharito iba por todas. Su fama saltó en la primera temporada de la Premier League, pero poco a poco su estrella fue apagándose de tal forma que ya fue necesario para los planes del Manchester United de Van Gaal. Y es que está en la posición de juego más exigente en el fútbol de hoy día, delantero-centro, para la que ser letal y con potencia extrema son los requisitos necesarios. Chicharito no tiene ni masa corporal ni tamaño para esa posición, aún así sigue empecinado en ese esquema de “cazabolero” que otrora le dio presencia.

No obstante, cada vez más será difícil que encuentre un sitio en el futbol de alto nivel europeo si no genera más cuerpo y, sobre todo las cosas, técnica futbolística. Chicharito es perseverante, con buen ánimo en el campo de juego, a veces muy revolucionado pero en más de la cuenta, entusiasta del mismo. Le falta técnica. Y no se ve que haya aprendido bien las lecciones, porque a las evidentes carencias de su corporalidad y potencia no ha dado ese paso de calidad que se necesita para ser un delantero-centro de gran nivel. De ahí que haya sido prescindible en ManU y haya entrado de banca en el Real Madrid.

Por ello, la prensa mexicana, encabezada desde luego por Televisa, ha exagerado mucho sus últimas actuaciones, evidenciando lo que todos hemos visto: ser jugador del Real Madrid implica mucho más que simpatía y muchas ganas de jugar futbol. Se necesita cargar, ni más ni menos, con la historia de uno de los clubes más grandes del mundo y en la misma posición que Alfredo Di Stéfano, Hugo Sánchez, Raúl González y Cristiano Ronaldo.

La adjetivación a ultranza de su condición de jugador de reemplazo (“victima de bullyng”, “quien sufrió mucho”, “quien nadie daba nada por él”), a la hora de hacer su trabajo, por lo que lo contrataron, me parece una exageración. Indudablemente da gusto que el gol del triunfo contra el Atlético de Madrid lo haya metido él; no por ser mexicano, ni porque se genere ternura en el mundo made-himself que propician las fábulas mediáticas del fútbol profesional. Nada de eso. Da gusto porque es alguien que aprovechó la oportunidad para meter el gol de su vida y lo hizo. Así de simple.

Condecorarlo a priori por estar a la altura de las grandes empresas del club merengue no es más que corroborar el patrioterismo ramplón que priva en el fútbol mexicano. Como si se necesitara de algo más que jugar bien al fútbol, suerte, Dios, providencia, ¿destino? Tonterías. Estar en un club como el Madrid debe ser una carga atroz, máxime si sabes que el titular es uno de los mejores delanteros del planeta. Pero ahí es donde se saca la casta, la verdadera psique que da ese plus de ser un jugador del montón a uno que haga historia. El Chícharo tiene la última palabra, pero su entrada al Olimpo del fútbol europeo debe argumentarse jugando con calidad. Endemoniadamente bien.

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6 thoughts on “Chicharito reloaded

  1. Roselver says:

    También Hugo Sánchez en la primera etapa le fue mal. Me parece que después de una eliminatoria regresó a España y se convirtió en la estrella mexicana. Claro, el chícharo no tiene a un Butragueño que le dé el 50 0 hasta el 60 por ciento de un gol…digo.

  2. Arturo says:

    Muy bueno el escrito. Siendo delantero, en mi opinión, muchas veces se reduce a meter gol o dar una asistencia y en un equipo “grande” o enchufado puede ser el que de el último o penúltimo toque de la jugada. Chicharito es un jugador de inercia, mete gol cuando su equipo juega bien, lo asiste o le permite generar espacios y disparar. No es el jugador (y creo que nunca lo será) que hace que su equipo de una remontada por más de 3 goles o que cambie la historia de una competencia. Es un delantero que tiene un promedio de efectividad muy bueno en goles/minutos jugados en la selección, en la Premier y en La Liga… y eso definitivamente tiene su chiste.

  3. Josué says:

    Y, ahora que expones así el caso, se me ocurre preguntar si no el Chicharito como el gran delantero mexicano, evidencia de esos cyborgs a nivel mundial y que, por ello, a México le falta explorar una técnica individual en sus jugadores que los haga competir en ese mundo. Una gran reflexión. Saludos.

    1. juan pablo zebadua says:

      Todo ello genera análisis sobre el tipo de jugadores que igual requerimos en México. A falta de técnica, ¿potencia pura? Nuestra genética no es para eso, quizá

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