¿Es posible escapar de la inducción?

Por Gabriel Ruiz Sosa

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Actualmente la selección brasileña es la más exitosa en los mundiales: tiene más copas, cinco; el máximo goleador, Ronaldo (15 goles); el máximo puntaje (216 en 97 partidos). Este panorama está expuesto a propósito para conducir al lector de lo fácil que es confiar en los eventos que consideramos regulares; éstos se convierten en esperanzas. Se trata de una circularidad de la que participamos cotidianamente, que raras veces cuestionamos y que, debido a su constancia, llegamos a considerar como natural.

La inducción es un proceso de razonamiento que consiste en generalizar lo observado a partir de la repetición constante de este fenómeno. Esto puede hacerse siempre y cuando no existan excepciones a la regla. De ahí el ejemplo en filosofía de “todos los cuervos son negros”, esta conclusión no se realiza de manera precipitada sino hasta que los enunciados observacionales (el cuervo 1 es negro, el cuervo 2 es negro, el cuervo 3 es negro…) sean suficientes, hasta que parezca que no existen excepciones. Entonces se estará en condiciones de generalizar: “todos cuervos son negros”. Como dice Russell en Los problemas de la filosofía:

Cuando una cosa de una cierta especie, A, se ha hallado con frecuencia asociada con otra cosa de otra especie determinada, B, y no se ha hallado jamás disociada de la cosa de la especie, B, cuanto mayor sea el número de casos en que A y B se hayan hallado asociados, mayor será la probabilidad de que se hallen asociados en un nuevo caso en el cual sepamos que una de ellas se halla presente.

En las mismas circunstancias, un número suficiente de casos de asociación convertirá la probabilidad de la nueva asociación casi en una certeza y hará que se aproxime de un modo indefinido a la certeza.

En el año 1950 se reanudaba el mundial tras los sucesos de la Segunda Guerra Mundial y, por iniciativa de Jules Rimet (tercer presidente de la FIFA, desde 1921 hasta 1954), durante los años bélicos, invitó a conservar el espíritu futbolero (¡la fiesta sigue!). Más adelante la Federación Internacional respondió positivamente a esta invitación y, en el Congreso de 1948, se le rindió homenaje al presidente galo, bautizando el trofeo como “Copa Jules Rimet”. En este congreso, de manera unánime se decidió que Brasil se convirtiera en la sede mundialista. Esta decisión fue recibida con mucho entusiasmo por los brasileños, tanto que se esforzaron por presentar al mundo el Maracaná, estadio gigantesco que atravesó con algunos retrasos en la construcción a cinco semanas de la inauguración. (Este fenómeno vuelve a pasar en el año 2014, en los estadios: Arena Corinthians de Sao Paulo, inaugurado el 10 de mayo, pero sigue en construcción; Arena de Baixada de Curitiba, inaugurado el 14 de mayo, aunque faltan detallar los accesos para el público, el estacionamiento y la cabina para la prensa; Beira-Río de Porto Alegre, inaugurado oficialmente el 5 de abril y Arena Pantanal de Cuiabá, inaugurado el 3 de abril, con el pendiente de “los últimos retoques”).

En 1950, Brasil partía como favorito para ganar “su” primer mundial, contaba con las condiciones más favorables: estaban en casa, disponían del Maracaná, que contó con la asistencia de 174, 000 personas en la final (versión de la FIFA, 2014, aunque hay quienes afirman que fueron más de 200, 000). Tenían, además, una selección poderosa que incluía al goleador del torneo, Ademir, que marcó 8 goles en 6 juegos. Los números reflejaron estos hechos: en la primera ronda goleó 4-0 a México, empató con Suiza 2-2, y venció a Yugoslavia 2-0; de este modo Brasil clasificó a la ronda final como líder de su grupo.

En la ronda final Brasil jugaría contra Suecia, España y Uruguay; todos ellos eran los líderes de sus respectivos grupos; estos cuatro equipos formaron un nuevo grupo: el grupo de la ronda final. Cabe añadir que para ganar la Copa Mundial de 1950 se requería obtener el mayor puntaje posible. Si Brasil quería salir campeón tenía que ser una vez más líder de grupo: venció 7-1 a Suecia y 6-1 a España, le restaba jugar contra Uruguay.

En ese entonces su gente ya aclamaba el campeonato, con semejante paso arrollador sobre selecciones que lideraron sus respectivos grupos, era justificable festejar el campeonato por adelantado; pues Uruguay, había vencido por un gol de diferencia a Suecia (3-2), y había empatado con España (2-2), selecciones que Brasil había goleado. A Brasil le bastaba el empate para coronarse; pero ¿por qué pensar en el empate si los brasileños venían enrachados y habían goleado a suecos y españoles en la ronda final? Ângelo Mendes de Moraes los anunciaba campeones: “Ustedes, que en unos minutos serán consagrados campeones del mundo…” ¿Cuál fue el resultado final? Brasil cae sorpresivamente en el Maracaná 2-1 contra Uruguay. ¡Oh, terrible golpe asesino, trágico final para los brasileños; gesta heroica para los uruguayos!

¿Es posible escapar de la inducción? Sí, pero en el caso de la afición brasileña (y saber a cuántos más), les pasó lo que al pavo inductivista que concluyó “siempre como a las 9 de la mañana”, hasta que un día, inesperadamente, justo en vísperas de Navidad, le cortaron el cuello en lugar de llevarle el esperado plato de alimento.

La manera como he relatado esta historia cumplió cierto propósito: para exponer la facilidad con la que se generalizan los fenómenos que constantemente se repiten, de tal manera que al final del proceso se asume la certeza de que se repetirá nuevamente, pero que no necesariamente tiene que resultar así.

Finalmente, Diego Forlán descarta que la historia del Maracaná vuelva a suceder (nótese, que el delantero uruguayo no cae en la inducción precipitada), porque pasó hace “muchos años” y porque si Uruguay enfrenta a Brasil en la final, en semifinales, en cuartos o en octavos de final, pues “será otro partido”.

Como agregado a este escrito dejo un cortometraje que expone los sentimientos de los brasileños tras el Maracanazo:

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