Caras de la globalización en el fútbol: una dimensión cultural

Por Rully Mendoza Flores

En mi artículo anterior, “Globalización y fútbol: lo que hay detrás de un club, una mirada desde la lógica económica”, realicé un acercamiento a lo que me ha parecido una de las tantas caras de los procesos de globalización que se viven en el deporte más visto en el mundo: un análisis del papel que juegan el mercado, la economía, los clubes como empresas y los jugadores mismos.

No cabe duda de que “globalización” ha sido un término utilizado y mencionado en discursos económicos, políticos y sociales. Sin embargo, esta palabra es más que la unión del latín “globus” (que hace referencia a la representación del mundo a manera de un globo terráqueo, de masa compacta), el sufijo latino “ar” (que nos conduce a pensar en las relaciones que se dan a escala mundial), el compositivo “izar” (como una forma de conversión) y el sufijo latino “ción” (como manera de significar aquellas acciones y efectos).

Globalización es aquello que vivimos en la cotidianidad de los diversos escenarios en los que nos movemos: educación, empleo, política, economía, mercados, comunicación, cultura, etc. Ahí donde asistimos a constantes cambios y relaciones a escalas inter, multi y transnacionales, donde resignificamos y tratamos de encontrar sentido a nuestra existencia en este modelo de vida neoliberal.

En este contexto, y como a mi parecer es fundamental mencionarlo, para hablar de globalización tenemos que ubicarnos en escenarios desde los que se intentan realizar los acercamientos analíticos, así como nos lo ha planteado Beck (1998). El fútbol también es cultura, por ende, no puedo dejar de lado este campo de análisis, en el que desde diversos puntos de vista académicos y no tan académicos han emergido una serie de escritos con supuestos similares.

El fútbol, en tanto que es un deporte, puede describirse como los planteamientos y la combinación de estrategias y técnicas de juego que se llevan acabo en un espacio en el que compiten dos equipos, ambos conformados por 11 jugadores más suplentes. Sin embargo, pensar el fútbol de esta forma sólo nos activa una sensación en nuestro cuerpo, es decir, la emoción de ver jugar  y que nuestro equipo gane el partido. Hay un fútbol que no necesariamente se juega en canchas reglamentarias: el que me tocó jugar en la calle con mis amigos, donde la porterías eran hechas con dos piedras a cinco pasos de distancia una de la otra.

Pero vivir el fútbol es algo que va más allá de la emoción. Si nos fijamos bien, podremos encontrar una serie de elementos culturales presentes en dicha actividad humana: vestimenta, rituales, aficiones/hinchadas/porras, convivencia y violencia, discursos e identidades colectivas, etcétera.

Lo global se vive y se encarna. Los clubes de fútbol como el Barcelona (que “es más que un club”) nos llevan a pensar en muchas maneras de vivir la pasión, la lealtad, la trascendencia de los seguidores a lo largo de todo el mundo y la formación de una identidad colectiva (¡visca barça!) que se vive de diferentes formas en diversos espacios del mundo, pero que es, sin duda, una construcción identitaria en forma de amalgamas a lo largo del globo.

Desde una perspectiva antropológica, Gómez (2004, p. 48) hace una reseña de lo que Rubén Oliven y Arlei Damo han escrito sobre el fútbol; donde se

procura comprender las cosas tal cual ellas se presentan y, si es posible, cómo llegaron a ser lo que son, que no se limita a las referencias objetivas sino a lo que ellos significan para las diferentes colectividades que crean, intercambian y modifican bienes culturales, en este caso específico, el fútbol.

La conformación de identidades colectivas en el fútbol en esta era global no pueden pensarse como homogéneas, mucho menos a escala mundial, pues cada sujeto que se apropia de un discurso, lo hace a su forma, a su estilo.

En cierto modo podría parecer que, inevitablemente, nos encaminamos hacia una homogenización cultural que, en última instancia, nos llevaría a compartir la única cosmovisión o visión del mundo. Sin embargo, las cosas no son tan sencillas y detrás de estas apariencias se esconde un fenómeno de mayor complejidad (Arcal, 2003, p. 63).

Los elementos culturales que juegan en este campo con hermoso césped y reflectores en las alturas vienen desde lo local y llegan hasta lo global. Asistimos, en esta perspectiva, a vivir un proceso de globalización en el que se (re)configuran las identidades a partir de las traslaciones simbólicas del fútbol.

Es decir, aunque el sujeto que sigue al Barça vive en otra parte del mundo que no sea Europa, ya se ha apropiado de elementos que lo configuran como un hincha del club catalán. Puede ser que haya adquirido su playera oficial en una tienda de México, que utilice diversos suvenires del club adquiridos en el lugar donde vive, o que incluso haya viajado y conocido el imponente Camp Nou y la tienda oficial del club.

En la actualidad, se viven una especie de interconexiones de elementos culturales en el fútbol. Podríamos decir que esto se ha dado gracias a las diversas redes de procesos globalizadores.

En un partido, ya sea de la Liga Española, Champions League o donde se juegue el Barça con sus 11 jugadores en el campo, habrán millones de personas conectadas a diversos medios de información y comunicación para vivir el encuentro. Incluso hacer el ritual de levantar la bandera catalana al minuto 14 con 17 segundos de cada primer tiempo de cada clásico Barcelona – Real Madrid, que es un acto simbólico para recordar el año en que Barcelona cayó en la Guerra de Sucesión y perdió su independencia de España.

O puede que el aficionado esté fuera de su país, pero aún así continua con el arraigo de algún club de la liga de su lugar de origen. En este sentido, esa identidad que pareciera perderse sufre una re construcción, pues no es lo mismo seguir al club en el espacio donde juega a seguirlo a cientos de kilómetros. Quizá esta reflexión pueda ser no lógica para algunos, sin embargo, lo es.

Es decir, para el fútbol tampoco hay fronteras. El fútbol es vivido y jugado a lo largo de todo el mundo; los estilos de juego son variados, pero compartimos elementos culturales presentes en cada estadio, como las hinchadas/afición/barras/porras, compartimos el gusto, compartimos la poesía de este maravilloso deporte. Alrededor del fútbol se tejen relaciones local-global, se configuran las identidades  de los sujetos.

Este proceso de globalización cultural en el fútbol nos lleva a la reflexión de que el fútbol no es un deporte popular para gente de clase baja, para enajenar a las multitudes, sino que es un deporte de interconexión a escala mundial, es un deporte complejo dentro y fuera de los 90 minutos de cada partido. Es el hermoso motivo de mis escritos.

Fuentes consultadas

Arcal Lisón, C. J. (2003). La globalización que nos quieren vender. Una visión cultural. Tres Cantos: NIVOLA.

Beck, U. (1998). ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. Barcelona: Paidós.

Gómez, H. (2004). Reseña de “Fútbol y cultura” de Ruben Oliven y Arlei Damo. En Estudio sobre las Culturas Contemporáneas (X) 19, 145-149.

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