Sobre el racismo en los estadios

Por Josué Hernández

Hace algunos días se aprobó una serie de sanciones para castigar las expresiones de racismo en los estadios en la capital de México (consultar multas aquí). A juicio del árbitro, éstas van desde la suspensión del juego por algunos minutos hasta la suspensión definitiva del partido.

El tema no es sencillo, pues si bien el racismo se debe -pienso- rechazar sin matices, cuando a éste se le agregan expresiones particulares de una afición, el tema se complica. No creo, sin embargo, que sea tanto un asunto de validez como de retórica para argumentar a favor de utilizar estas multas. Primero explico a qué me refiero con lo de validez.

Cuando hay expresiones y prácticas denigrantes, violentas o, en general, que podríamos llamar perniciosas y ofensivas, que se encuentran arraigadas en la costumbre, a veces se realiza una justificación muy simplista que apela a la identidad del pueblo. Como alguna vez lo dije en twitter, Quino tiene la facilidad de resumir toda una tesis con una sola caricatura, y en ella se explica también lo que quiero decir (gracias a Edgar Aguirre por mencionármela):

Quino

No sólo refleja esto que los límites del llamado pueblo son difusos, sino que los criterios de validez están lejos de ser tales. Más que la validez, lo que se juega es una verdad naturalizada de lo que es la expresión popular. Así, decir que ésa es la manera en la que el pueblo habla es, pienso, apuntar que una mayoría puede erigirse como una dictadura epistemológica siempre y cuando se la califique de pueblo.

Por otra parte, más allá del rechazo al racismo, está la intersección entre las formas de enunciar el ser aficionado y la enunciación específica del racismo. Una de las formas de ser aficionado consiste en ofender al otro equipo, presionarlo moralmente, sobre todo cuando es visitante para que la casa pese. Esto es algo que parece dado, una manera incuestionable de ejercer la afición, sin embargo, rastrear genealógicamente los orígenes de un discurso o de una práctica lleva a entender que las cosas que son bien pudieron ser de otra manera.

Creo también que, aunada a la búsqueda de identidad (no por nada hay tantos tratados sobre la identidad y, en México, ¿cuánto no se ha escrito sobre la “identidad mexicana?”), está la necesidad de consolidar en esas expresiones un entorno al cual integrarse y desde el cual encontrar un nicho de expresión incuestionado. Así, proferir cierta clase de insultos que tengan que ver con las facciones pero, particularmente, con el color de la piel, entra en el vicio de la argucia que busca legitimarlos.

Fair-Play

Juan Carlos Cabrera Pons escribía que en el estadio no se puede ser objetivo ni imparcial (leer artículo aquí). Coincido completamente, pero, ¿cuánto nos cuestionamos las formas concretas de expresar esa parcialidad? El lenguaje, según pienso, se sostiene sobre bases identificables. Uno de los esfuerzos más notables por dar cuenta de esto viene del feminismo, que busca explicitar cómo nuestro lenguaje tiene una constitución patriarcal ostensible. Esto me lleva a lanzar otra idea en torno al tema que aquí he venido tratando: las expresiones de racismo no pueden verse únicamente como desprecio por color de piel, nacionalidad o condición física, sino una intención generaliza de denigrar a otro.

Por ello, si en las multas aprobadas en el Distrito Federal para las expresiones de racismo en los estadios se ubica claramente la asociación del rasgo físico de una persona con los de un animal como una forma de racismo, ¿no debería decirse también que el gritarle “¡puto!” al portero constituiría una forma de desprecio fuera de la performatividad del fútbol, entendiendo que la afición va al estadio a cumplir un papel?

Ésta es otra defensa que se puede erigir: sólo se trata de un juego, de una teatralización. Supongamos que así sea, ¿de dónde viene entonces esa facilidad por expresarse de esa forma? Tengo la hipótesis de que, idealmente, una palabra, una sintaxis se puede desanclar de una asociación racional y simultánea con su origen (igualmente la asociación simultánea y racional es una falacia). Sin embargo, no creo que éste sea el caso actual, por tanto, la defensa que hizo Molotov sobre su canción me parece penosa y llena de lugares comunes, y si esta defensa es la que se trata de hacer en mayor medida para sostener que gritarle al portero es válido, creo que sólo se está buscando un ocultamiento del trasfondo que mantiene esa clase de expresiones.

La legislación aprobada responde, a mi parecer, a un mecanismo disciplinario que sigue la línea de la sociedad mexicana. Creo que las leyes pueden generar costumbre, pero los espacios, tal como pueden reproducirla, pueden romperla y, si se trata únicamente de vender una imagen de ser una sociedad abierta, la política ejecutada desde esa visión se caracterizará (tal como lo ha hecho hasta ahora) por una segregación clasista que se ha ejercido desde el afán de distinción de un grupo “más desarrollado” intelectual y moralmente, y otro, más ignorante, menos civilizado o -léase con ironía- de la indiada. Por último, si quieren divertirse, indignarse o sorprenderse de los adjetivos y las formas en que se perciben la discriminación y el racismo, vean los comentarios de este video: Racismo en Pachuca y León.

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5 thoughts on “Sobre el racismo en los estadios

  1. Josué Hernández dice:

    Yo creo que también debe ser interesante leerte a ti. Apuntas una serie de cosas muy interesantes y bastante puntuales que valdría la pena desarrollar. Igual lo de la segunda entrega es algo previsto y, como lo pones, un gran reto. Por cierto, es de alguna forma bello el gritar “Osama” y “Pinches güeros” frente al anuncio del gran patrocinador del espíritu nacional y competitivo de la Selección Mexicana.

  2. Malnacido dice:

    Excelente, dejas con ganas de leer más, hay muchos argumentos ahí para una segunda entrega, sobre todo al final ligando el racismo con la “segregación social” muy a la manera foucaultiana (si nos queremos poner exquisitos y multidisciplinarios como ustedes, jajajá); las distinciones de clase llevan a pensarlas como “razas” separadas. A este respecto es de notar la continuidad temática de su consejo editorial, por ejemplo cuando en la entrevista a Fábregas Puig dice: “También vi en este estudio cómo hay contradicciones de clase. Atlas – Chivas es la contradicción clasista en la sociedad jaliscience. El Atlas es visto por la afición de las Chivas como la clase alta, los aristócratas”.
    Y como otro lado de la misma moneda, la xenofobia en el fútbol se pone a la orden del día con cada mundial y eliminatoria mundialista (algo así como racismo creado por fronteras), basta con analizar los discursos de superioridad “mexica” contra los centroamericanos… o de inferioridad cuando nos visitan los “gringos” y ahí sí nos sale lo antiimperialistas. Aunque ya lo decía Zygmunt Bauman, para las clases bajas en el fondo el racismo tiene ciertos elementos revolucionarios pero mal encaminados, ya que en la base del racismo existe una protesta contra lo establecido… todo mundo grita “pinches güeros” en el estadio, y cómo olvidar aquellos polémicos cánticos a favor de Osama Bin Laden en la eliminatoria de 2004: http://www.jornada.unam.mx/2005/03/28/index.php?section=deportes&article=a03n1dep

  3. Arturo Montoya Hernández dice:

    A mi me parece chistoso el modo en que tildan a aquellos que se expresan de ese modod de “pseudoaficionados”, como si al consignarlos fuera de cierta normalidad se salvara el decoro de la “afición”. Los directivos y clubs se lavan las manos de su “deber cívico”, pero encubren con eso el origen del problema: que las expresiones de racismo son actualizaciones de algo anclado en la sociedad. Es un mecanismo similar al del machismo en el lenguaje, que divide, esconde y desmarca, en lugar de ver de frente a la profundidad del problema.

    1. Josué Hernández dice:

      Tienes razón en eso, y no sólo con el racismo, creo que también cuando hay expresiones de violencia se utilizan esos mismos juicios como una manera ingenua o política de encubrir un problema arraigado en un lugar abstracto y que supera al del estadio.

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