De las masas enajenadas a los análisis culturales: entrevista con el Doctor Fábregas Puig sobre antropología del deporte

Los siguientes son extractos de la entrevista que realizó Claudia Morales al Dr. Andrés Fábregas Puig un día soleado de febrero de 2014 en las instalaciones del CIESAS Sureste en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Debido a la extensión de estea entrevista, presentaremos las palabras del maestro en más de una entrega, de las cuáles ésta constituye la primera.

Fábregas Puig es doctor en antropología por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha realizado estudios de posgrado en la Universidad del Estado de Nueva York, y se especializa en estudios sobre identidades y la frontera entre México y Centroamérica. Hace no mucho que trabaja en Estudios de Antropología del Deporte, un campo fundado por él para aproximarse al análisis de las identidades.

Fue fundador del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Fundó y desempeñó el cargo de Director del CIESAS Sureste en Chiapas. En ese mismo estado fundó también y fue el primer Rector de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH). Asimismo, ha sido Director del Instituto Chiapaneco de Cultura y Rector de la Universidad Intercultural de Chiapas.

Su trato es tibio y su voz amena. Sus alumnos lo consideran un profesor de varias generaciones, que transmite a sus estudiantes algo más que información: comparte su vida y la de su tiempo: el de los estudiantes de los años 60 que, en mayor o menor medida, transformaron el mundo en el que vivimos.

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El Dr. Andrés Fábregas Puig
El Dr. Andrés Fábregas Puig

Yo empecé a trabajar el tema del deporte en la ciudad de Guadalajara porque me di cuenta, con sólo observar algunas situaciones de la vida cotidiana de la ciudad, que el deporte, y en particular el fútbol, era importante en el establecimiento de relaciones sociales en la ciudad, incluso a niveles de negocios o de tratos políticos. Me di cuenta que el irle a un equipo o el irle a otro tenía detrás una actidud de identificación por parte de la gente. Si yo le iba al Atlas o le iba al Guadalajara, lo que estaba haciendo ante el interlocutor era decirle: “mi identidad es ésta; yo soy este tipo de persona; yo creo en estas cosas.” Me llamó mucho la atención que el deporte estuviera tan implicado en las relaciones cotidianas de la gente en esta ciudad.

Acto seguido, me dediqué a buscar en las bibliotecas qué había sobre antropología del deporte. Me encontré que ni siquiera existía el concepto; por lo menos no en México. Me encontré un trabajo sobre cuestiones de contabilidad y financieras, que son importantes, pero no tocaba la temática que a un antropólogo le interesa. Me encontré una tesis que se estaba escribiendo en el momento sobre el papel que jugaba el fútbol en configurar una personalidad varonil frente a una femenil en trabajadores de la Volks Wagen. Logré leer unas páginas de esa tesis, no estaba publicada, la he buscado otra vez y es un trabajo interesante, pero no está publicado. En México no había nada publicado. Me dediqué a buscar en otros países, y entonces me encontré un clásico de las ciencias sociales que yo ya había leído. Me llamó mucho la atención que en una primera lectura no lo hubiera notado, pero Norbert Elias, un clásico sociólogo que vive en Inglaterra, ya había tocado el tema en un libro clásico que se llama Ocio y civilización, y él tiene un discípulo, Robert Duning, que también trata del tema del deporte con bastante amplitud, desde el punto de vista de los sociólogos.

Luego vi que en América del Sur sí había un tratamiento muy importante del deporte y nada menos que de Eduardo Archetti, a quien tuve la fortuna de conocer en la época en que los argentinos vinieron de exilio a México. Quise recordar conversaciones y parece que nunca conversamos del asunto. hablamos de otras cosas. Eduardo se fue después a Suecia y murió de manera prematura, pero él había escrito sobre la relación entre deporte y nación. Entonces seguí esa pista con Archetti. Tiene un texto sobre Maradona que es realmente extraordinario. Después descubrí que en Brasil había todo un equipo de antropólogos, igual que Archetti, trabajando sobre el fútbol, comandados por una gran figura de la antropología brasileña que es Roberto da Matta, quien ha escrito textos fundamentales para explicarnos la importancia del carnaval, las fiestas, lo que aquí en México llamamos cultura popular. Él tiene un grupo de alumnos que publicaron un libro que se llama Brasil en el campo de fútbol, es decir, el equipo de Brasil no es solamente un equipo de fútbol, es el país el que está en la cancha.

La afición de las Chivas del Guadalajara en el mítico Estadio Jalisco
La afición de las Chivas del Guadalajara en el mítico Estadio Jalisco

Con estos elementos me armé un proyecto y escogí el club de las “Chivas Rayadas” del Guadalajara, a la afición, no tanto al equipo desde un punto de vista deportivo. No me interesaban las técnicas con las que juegan las Chivas más que como espectador, porque sí soy un aficionado. Aunque yo en mi juventud jugué el fútbol callejero, llanero, en las escuelas; jugué organizadamente el básquetbol, y me metí tanto que llegué a ser preseleccionado nacional. Yo fui campeón en la UNAM, en mis días de equivocación, cuando estudiaba ingeniería. Entonces, con el equipo de ingeniería al cual yo pertenecía en ese momento (era 1963, 1964) ganamos el campeonato de la universidad y, como tal, nos seleccionaron a varios para la selección de la UNAM. Luego a varios para preselección nacional. O sea que yo estaba realmente metido, pero era espectador de fútbol; no me perdía los partidos de los Pumas en Ciudad Universitaria. Esa historia se acabó, pues, pero no así el deporte como manifestación cultural y ámbito de las relaciones sociales. Entonces, ¿por qué estudiar la afición de las Chivas? Pues, porque cuando yo comencé a estudiarla en 1999, éste era el equipo más popular de México, y yo estaba en Jalisco. Me pregunté, ¿por qué es el equipo más popular de México? Y cada vez que yo entraba al estadio acompañado de mi esposa y mis hijas (que desde muy pequeña se identificó plenamente con las Chivas, como tapatía que es, incluso cuando vivimos aquí en Chiapas), veía una gran manta que decía “el Rebaño Sagrado,” y me pregunté, ¿por qué es sagrado este rebaño? De ahí el titulo del libro.

Algunos colegas a los que les planteé el asunto me vieron en ese momento con cara de “¿qué te pasó?, ¿qué te pasó con la cabeza? Eres un antropólogo que ha siemre investigado cosas serias. ¿Cómo te vas a meter al fútbol?” Y hubo Incluso un colega que me preguntó: “¿de verdad vas a los juegos?” Eso me abrió la puerta a entender que el deporte era considero por los intelectuales como una actividad banal. Cosa que viví en mis tiempos en la ENAH. Cuando estudiaba, mis compañeros que me rodeaban hablaban del deporte como un mecanismo de enajenación de las masas, que era un instrumento utilizado por la burguesía para tener a la gente atolondrada. Entonces Bolívar Hernández, un gran amigo guatemalteco, y yo, que además nos identificábamos porque culturalmente éramos lo mismo, hablábamos con el mismo español, con el voseo, él y yo nos íbamos a hurtadillas al fútbol. Cómplices, como éramos, decíamos: “ni de chiste vamos a contar en la escuela que venimos a ver el partido.” Los dos éramos Pumas de corazón. En ese ambiente de la ENAH de los años 60, del 68, muy politizado, mis compañeros, todos radicalmente de izquierda, despreciaban el deporte. Como un mecanismo de enajenación de las masas, no tiene otra función, por lo tanto, todo aficionado era un enajenado.

Mis compañeros, todos radicalmente de izquierda,
despreciaban 
el deporte. Como un mecanismo de
enajenación de las masas, no 
tiene otra función,
por lo tanto, todo aficionado era un enajenado.

Volviendo a Guadalajara, en los años 90-99, me preguntaba: ¿será posible que haya aquí millones de enajenados?, ¿que lo único que los lleva y motiva a ir al estadio sea la enajenación?, ¿estamos viviendo una humanidad completamente atolondrada que lo único que los lleva es la enajenación? Se me hizo difícil decir que sí. Algo debe estar detrás. Entonces me propuse investigar a la afición de las Chivas: voy a ir al estadio ya no como espectador, sino como antropólogo, a observar cómo se comporta la gente. Entonces, hice un esquema. El esquema consistió  en que después de leer a los autores que te dije, quizá otros más, me dije: “voy a proceder como en las comunidades, voy a hacer trabajo de campo en el estadio; ahí seleccionaré a las familias de los interlocutores.” Entonces, hice un esquema: el Estadio Jalisco como como la comunidad. Caminé por el estadio y comencé a hablar con la gente. Me senté siempre en un mismo lugar para ver qué pasa. Dividí el estadio en tres planos: el estadio por fuera, qué sucede antes del partido; el estadio por dentro, el estadio en sus entrañas; y el estadio como escenario, como escenario del partido de fútbol.

El estadio por fuera me enseñó muchas cosas. Comencé a ver cómo llega la gente. Haciendo un esfuerzo casi sobrehumano (me levantaba a las 6 am porque a esa hora empieza el movimiento), uno empezaba a ver cómo se ponían los puestos de comida. Ahí aprendí que la birria no se come nunca antes del partido, porque es de mala suerte: es comerse a los chivos. La birria debe ser un platillo de celebración: cuando ganan las chivas, las birrierías se llenaban. Pero sí se comían otras cosas. Por ejemplo, había muchos comensales que llegaban a desayunar los famosos lonches, las tortas ahogadas, los desayunos tan jalicienses, ahí estaba la gente. Luego empecé también a observar que la gente se sentaba de acuerdo a barrios, a grupos de amistad. Vi parejas que, por ejemplo, en un juego Atlas – Chivas, parejas de novios en que la muchacha era del Atlas y el joven de las Chivas, pero iban juntos. Me di cuenta que se trasladaba el vecindario a los comederos y que, antes del partido, la comida era un primer ritual de articulación, de reafirmación de una identidad que es esa identidad de barrio que se simboliza en el equipo, las Chivas Rayadas. También analicé cómo se vende una mercancía que yo llamé la mercancía futbolera, y que son símbolos de identidad. La gente se ponía las camisetas, compraba las gorras, y cada domingo que jugaban las Chivas era un vendimia impresionante. Luego los tatuajes: la gente se tatuaba los colores del equipo, las banderas. En fin, toda esa animación que hay afuera del estadio tiene lapsos antropológicos, son hechos de la gente, entonces le importan al antropólogo, claro que le importan: la gente los practica.

Y ahí, afuera del estadio, se configuran los grupos de identificación. Es un primer momento de identificación. Lo que llamamos las porras y ahora, por una influencia argentina, le llaman barras son otra historia y merecen un estudio aparte. Entre paréntesis, éste lo ha hecho muy bien Roger Magazine, yo creo que el estudioso más inteligente de las porras que hay ahorita en México, un antropólogo de la Universidad Ibero Americana. Él tiene un libro maravilloso que se llama Azul y oro como mi corazón, que es un estudio de las porras de la UNAM, un trabajo excelente. Las porras a mí me llamaron la atención, pero dije: “no, esto es otro asunto; ahorita quiero ver el gran espectro de la afición chiva.”

Toda esa animación que hay afuera del estadio tiene lapsos
antropológicos, son hechos de la gente, entonces le importan
al antropólogo, claro que le importan: la gente los practica.

O sea, muchas cosas pasan afuera del estadio que me enseñaron muchísimo. Pero luego penetré el estadio, el subterráneo, abajo. Me encontré cosas que realmente nadie piensa que existan. Cuando entras a un estadio de fútbol, entras a ver el partido, pero abajo suceden una gran cantidad de cosas. En el Estadio Jalisco de esa época, porque, te hago otro paréntesis, lo de Chivas ya es ahorita otra cosa. Cuando yo lo estudié, todavía eran un club de fútbol, es decir, se manejaban como un club; ahora es un dueño, y el dueño hace lo que le viene en gana con el equipo. Pero antes era un club y había decidido rentarse a un mecenas, que era Martínez Garza, que era dueño de la empresa Mexlub, y entonces Martínez Garza manejaba al equipo, pero siempre en concordancia con el club. El club quiere decir que había una asamblea de esas que decidían. Ahora el señor Vergara es el dueño; a base de chanchullo se hizo del club, como pasa tanto en México. En ese momento era muy importante ver qué pasaba por debajo, y en ese Estadio Jalisco que yo estudié hay una capilla, hay una iglesia abajo. Esa iglesia la preside la Virgen de Zapopan, no la de Guadalupe, o sea, la Virgen en su advocación como “la generala.” Es decir, está ya una identidad: “somos jalicienses, por lo tanto la Virgen que nos protege es la de Zapopan; además somos católicos.” No me encontré ningún caso (que seguramente si lo había, lo mantenían oculto) de un jugador que fuera evangélico, por ejemplo, de las Chivas. Todos mexicanos y todos católicos.

Y entonces bueno, oí misa con ellos muchas veces abajo. Lo primero que hacían las chivas al llegar al estadio: ir a sus vestidores, dejar sus cosas, ir a la iglesia. Ahí me eché los rollos del padre Chayo, que era uno de los sacerdotes que hablaba. Y me quedaba sorprendido por lo que nos decía. Los arengaba como si fueran los conquistadores españoles de la época en que llegaron aquí los primeros soldados hispanos. Eran así como muy incendiarios. Me llamó mucho la atención, por ejemplo, ver al “Tuca” Ferreti, que era el entrenador, hincado, con fervor, con devoción. No estaba fingiendo, el hombre estaba realmente metido en el rollo religioso, pidiendo la victoria a la Virgen. Me preguntaba yo qué dilema tendrá esta Virgen porque salían las Chivas de misa y entraba el Atlas, por ejemplo, y seguramente pedían lo mismo. Yo no sé cómo le hacía la Virgen para inclinarse por uno o por otro, a quién darle la victoria.

Ahí vi a Lavolpe hincado, igual que el “Tuca,” rezándole a la virgen para que les diera la victoria. Una gran devoción. Entonces hay un acto religioso abajo del estadio, que es importante registrar para un antropólogo. Hay fervor religioso, hay un ámbito espiritual. Luego en los vestidores era muy interesante ver a los jugadores, cómo se concentraban. Algunos de ellos tienen altares en sus casilleros, y otra vez el asunto religioso, el fervor. Luego la última charla del entrenador: el orgullo, la historia del equipo, tenemos que ganar, los llamados  a la fraternidad, a que las cosas se hacen colectivamente, aquí hay que jugar bien, hay que correr, etc. O sea, adentro del estadio hay también hechos que le importan al antropólogo, por supuesto. Ya nada más el ámbito religioso es un tema, un subtema a estudiar a fondo: ¿qué papel juega la religión en el deporte?, y, ¿qué pasa cuando hay pluralidad de religiones en un equipo? ¿Cómo se maneja la pluralidad cultural en un equipo? En el caso de las Chivas, son todos mexicanos. En el enfrentamiento con el América, los mexicanos se enfrentan a algo que no es plenamente mexicano. Los mexicanos se enfrentan a un equipo que admite que los mexicanos necesitan ayuda para resolver sus problemas. Y las Chivas son lo contrario a eso, son la afirmación de que los mexicanos pueden resolver sus problemas por sí mismos. Poco a poco fui entendiendo ese simbolismo, y lo explicaré al ratito, cuando pase a hablarte de qué pasa en el partido.

La Virgen de Zapopan en su altar
La Virgen de Zapopan, “la Madre de Jalisco”

Continúa leyendo la segunda parte de esta entrevista aquí.

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