Consideraciones sobre la brecha abismal entre la Sub-17 y la mayor

Por Juan Carlos Cabrera Pons

Fifa u-17 2013

Hoy en día, en nuestro país es común hablar del Mundial Sub-17 de fútbol. A las mexicanas y a los mexicanos nos gusta pensar que el resto del mundo nos presta atención. Nos divertimos disertando sobre lo que dirán de nosotros y celebramos el ser noticia en otros países, incluso si se trata de que una pareja mexicana viajaba en un avión que se estrelló en otra parte del globo o de que la selección mexicana Sub-17 ha clasificado a las semifinales del actual Mundial. Sin embargo, y muy a nuestro pesar, difícilmente se preocuparía alguien en otro país de si las víctimas de un accidente aéreo (tragedia para la que no deberían existir diferencias de nacionalidad) eran o no mexicanas o de si México gana la competición de menor categoría a nivel global de la FIFA.

Aquí mismo poca importancia le dábamos al Mundial Sub-17 hasta que México obtuvo su primer título en 2005. Será que últimamente tenemos tan poco que celebrar en este país que hemos llegado a excavar los más recónditos terrenos por algo, por nimio que sea, que podamos considerar un logro nacional. A un aficionado de fútbol mucho le sorprendería las trompetas y serpentinas que se han dado por el éxito de los jóvenes deportistas. Para nada intento aquí atenuar su logro, dos trofeos (quizá tres) muy bien y muy merecidamente ganados. Pero es imposible pasar por alto que a la selección menor se le ha dado la carga de ser la ilusión deportiva absoluta de una patria que ama un deporte en el que no logra sobresalir.

La pregunta que más se escucha en estos días es la que se refiere a la diferencia abismal entre los logros de los jóvenes menores de 17 años y los millonarios de la selección mayor. Qué —se escucha exclamar a los comentaristas y aficionados— se está haciendo bien aquí y mal allá. Es obvio que el trabajo de los promotores, patrocinadores y dueños que intervienen en la selección de los jugadores, escenarios, rivales, etc., ha hecho de la selección mexicana una gran fuente de ingresos monetarios a la vez que una bastante mediocre asociación deportiva. No debe sorprendernos tampoco que los equipos que más ingresos generan (América, Cruz Azul, Guadalajara, Pumas…) no sean los más exitosos de los últimos diez o quince años (Toluca, Santos, Monterrey, Pachuca…). Este aparato empresarial no ha volcado sus garras, al menos no todavía, sobre los jóvenes de la selección sub-17.

Pero otra cosa que debemos tener en cuenta es que la disparidad entre los resultados de la selección mayor y la Sub-17 no es exclusiva de México. El torneo comenzó a jugarse en 1985. Nigeria y Brasil son las selecciones con más títulos (tres cada una), seguidas de México y Ghana. Rusia, Arabia Saudita y Francia han obtenido el trofeo en una ocasión. De esta lista, sólo Francia y Brasil han obtenido campeonatos mundiales con sus selecciones mayores.

La opinión general es que los campeones de un Mundial Sub-17 deberían crecer para ganar el Mundial. Un futbolista suele alcanzar su mejor momento entre los 25 y los 30 años, por lo que podríamos pensar que un país que obtiene el título Sub-17 estaría a dos o tres mundiales de llevarse el trofeo mayor. En algunas ocasiones ocurre más o menos así: tal es el caso de Brasil, que tras ser el tercer lugar en el Sub-17 de 1985, fue campeón en el mayor de 1994. No tuvo la misma suerte Nigeria, campeón con sus jóvenes en el 85, que tan sólo alcanzó los octavos de final en el 94. Arabia Saudita, que se llevó el título con sus jóvenes en 1989, perdió en octavos de final con su selección adulta en 1994 y no pasó de fase de grupos en 1998. Francia, por el contrario, obtuvo el título mayor en 1998 y el trofeo Sub-17 en 2001. Sin embargo, su selección mayor no pasó de la fase de grupos en el mundial pasado.

Jesus "Chucho" Ramírez
Jesus Ramírez, DT de la selección Mexicana Sub-17 campeona en 2005

Los resultados del Mundial Sub-17 muy poca relación tienen con los del Mundial mayor. La única razón que se me ocurre es que se trata de torneos distintos, se juega un fútbol distinto, y una persona cambia tanto entre sus 15 y 25 años, que muy difícilmente podríamos decir que se tratara del mismo jugador. No es extraño, por la tanto, que México, que obtuvo el título por primera vez en 2005, enfrente problemas para clasificar al mundial del 2014 con su selección mayor, en la que, de hecho, sólo unos cuantos jugadores campeones del mundo hace ocho años están incluidos. Mucho se le reprochó, por ejemplo, a “Chucho” Ramírez no haber convocado al “Chicarito” Hernández para el Mundial del 2005. Ya resulta extraño que le reprochemos una decisión táctica al director técnico que se llevó el título. Muy al contrario, bien podríamos decir que lo hizo todo perfectamente. Pero quien esto reprochara no considera que si bien Javier Hernández tuvo un muy buen año con el Mancheter United en la temporada 2010-2011, quizá no fue lo suficientemente bueno para participar hace ocho años con los campeones del mundo.

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