La final de la Champions League que se jugó en Londres y que vi en San Cristóbal

Por Gabriel Ruiz Sosa

Muchas cosas maravillosas narran – las sagas de tiempos antiguos
De héroes loables – de gran temeridad,
De alegría y de fiestas – de llantos y lamentos,
De la lucha de héroes valientes – ahora escucharéis narrar maravillas.

Cantar de los Nibelungos

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Sábado por la mañana como a eso de las 11:18, arribo a San Cristóbal de las Casas, le llamo a mi amigo Juan Carlos y pasa por mí a la terminal, tras estar un rato en su casa, nos dirigimos al parque para vernos con Juan Pablo, los tres emocionados por ver la final de la Champions League.

Hacemos las compras para acompañar el partido, unas sabritas, chelas, licor de hierbas, refrescos, todo preparado para disfrutar el evento deportivo del año. Ansiosos y bien acompañados con Susana. Vemos las preparaciones del juego, golpes de escudos, lanzamientos de flechas, combates con espadas, una representación interesante de la guerra teutona avecinada en Wembley. Mejor escenario, imposible. Y tuvimos el gusto de escuchar el himno que siempre suscita las emociones más intensas e indescriptibles y que es producto de la máxima admiración.

Anunciado por el narrador iniciaron los 90 minutos del deporte más hermoso del mundo. Borussia Dortmund y Bayern München se estudiaron en los primeros ocho minutos del partido, Susana acertadamente detectó el momento cumbre de la explosividad en el ataque de ambos equipos, disputándose el balón a suma velocidad y a una presión por hacerse de la esférica.

Los de Dortmund dominaron al Bayern en el primer tiempo, desdibujaron al poderoso club muniqués, al menos no se les veía tan letales como de costumbre, sin embargo sí que lo fueron. El primer tiempo fue emocionante, aunque sin goles. No faltaron oportunidades para abrir la cuenta por ambos equipos. Los porteros se lucieron y el primer gol debió caer por Gündoğan tras un despliegue por la derecha a pase en diagonal. Este posible gol fue desviado con la pierna izquierda de Neuer. El empate debió llegar de Mandžukić con un cabezazo que, tras ser rasguñado por Weidenfeller, besó luego la horizontal.

Concluye un primer tiempo muy emocionante, muy disputado y muy intenso. Los comentarios propios germinados de nuestras ilusiones elaboraron teorías de lo que no se hizo y de lo que esperábamos.

Iniciado el segundo tiempo, Ribéry y compañía desmantelaron el buen fútbol de die Schwarzgelbende Klopp. Fue sin duda aquél el hombre del partido. Las asistencias directas e indirectas procedían de él, pese a que fue Robben quien se llevó los aplausos; las finales negadas para alcanzar el ansiado título tornaron en gloriosa noche para el holandés. Adiós a las críticas para Arjen. Aunque quizá sea este título tan anhelado el único que tendrá en su carrera futbolística. El fútbol es caprichoso y da muchas revanchas. Así como niega por años, da con creces en cuestión de días.

El gol que abrió el encuentro inesperada y sorpresivamente por medio de Mandžukić dio la ventaja a los de Bavaria. Como todos sabemos, característico de los europeos es anotar con magistral sutileza, impresionante potencia y clase suprema. Ribéry filtró por la izquierda el balón entre tres defensores del Dortmund de manera increíble, la recepción de Robben y la diagonal con la zurda, rebotada por el talón del portero imposibilitó que Schmelzer pudiera despejar el esférico y, con la parte interna, servida en bandeja de plata, golpea con categoría Mandžukić. Gol al minuto 60.

El empate cortesía del singular Dante, fue logrado vía penal por Gündoğan (min. 68), quien engaña a Neuer enviando el balón al fondo de las redes. Cuando el pundonor, el coraje y la lucha parecía sonreírle a los de Klopp, al menos así me pareció cuando Subotić con una espectacular barrida y jugándose el físico impidió el gol de Müller. Pero las proezas de los invencibles que acompañan momentos de este tipo se tornaron engañosas por causa del poder muniqués que destrozó todo sueño de coronación del Dortmund. El vencedor de la épica batalla provino del más criticado en el partido, convertido después en el más amado de Múnich: Arjen Robben, que producto del pase de taco de Ribéry, hizo el gol que arrancó el llanto tanto del vencido como del vencedor. Se coronaron una vez más Los Bávaros, rompiendo todos los records posibles, incluyendo el dinero por millones.

Finalmente, con la entrega de las medallas y de la amadísima Orejona, los muniqueses pudieron por fin besar el trofeo, llorarlo, poseerlo y pasearlo por todos lados. La amada fue bien recibida, aquella que nunca ha sido despreciada, siempre anhelada en el corazón de los futbolistas. Con la Champions League en el mítico Wembley, cuna del fútbol, Los Bávaros dieron cierre a la majestuosa temporada del Bayern Münichen, que se llevó todas las canicas este año. Le dejan un reto casi imposible de superar a Pep Guardiola, cuando se haga de la dirección técnica del club que lo ganó todo este año. Se espera mayor poderío teutón para los años venideros.

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