El fútbol conspira para que el fútbol se realice

Por Josué Hernández

Algunos aforismos que podrían haber sido dichos por Paulo Coelho, pero que a en el fútbol tienen más sentido, fueron descubiertos en el año 2001 en una pequeña biblioteca de Ayacucho. Quiero aclarar que, al decir biblioteca, sólo uso un concepto genérico que es el mismo que usaríamos para referirnos a los pocos libros que guardamos en el clóset, sobre un buró o apilados en la mesa del comedor.

Se trataba de un viejo cuaderno de hojas amarillentas, la caligrafía no podía ser peor (tal vez no tan mala como la que se conoce popularmente como la caligrafía de médico, pero aun así, bastante mala). Una introducción en francés de contenido claro y llamativo adentra al lector en las páginas siguientes. Lo que estaba escrito parecía ya preparado para su publicación, incluidos agradecimientos, una portada ilustrada con un balón coronando algo que parecía una copa de la que se vertía una serie de signos de interrogación, aunque en las hojas sobrantes se ensayaban otros dibujos: un campo de fútbol que funcionaba como portada de un libro abriéndose, un jugador frente a un balón preguntando el sentido de patearlo; el título del libro —también en francés— que era bastante simple: Manuscrito futbolístico, y un par de letras.

La obra comenzaba diciendo: “el fútbol conspira para que el fútbol se realice; no hay mayor regla que la que así opera en este deporte”. Cuando leí esto, recordé las iniciales de quien firmaba el texto, pensé si se trataba de Gertrude Stein, pero en la última página confirmaría que el autor era Gracioso Silva. No sé qué motivaría a alguien a escribir su introducción en francés y lo demás en español (el que, supongo, era su idioma nativo)… o, como sea, no quiero especular.

G. S. discurría en su introducción acerca del significado artístico del fútbol, de cómo este deporte constituye un dogma estilístico para parte de las expresiones literarias y musicales contemporáneas. La fecha en que se escribió es incierta; algunos amigos dicen que debe ser de los años 40, otros, que es un texto apócrifo de reciente producción, yo, como no he tenido tiempo, no he verificado con mayor exactitud. Después de eso, el manuscrito se encuentra dividido en cuatro secciones: 1) El fútbol y la mentira, 2) El fútbol y el miedo, 3) El fútbol y la costumbre y 4) El fútbol y la libertad. Sólo reproduzco aquí un aforismo de cada sección y la breve explicación que ofrece Gel autor de cada uno.

“Las imágenes no mienten, la mentira en el fútbol es una elección.”  Cuando se elige mentir en el fútbol, si es en el juego, es por estrategia y la estrategia es parte de la belleza que lo rodea. Lo que se cuenta después tampoco es una mentira, sino el evento interpretado que le da forma a los sueños deportivos. Si el fútbol se usa para mentir, estos fines se apartan del deporte, y creer esas mentiras tampoco pertenece a su maravillosa dimensión.

“El miedo a fallar es un paso en el oscuro camino del equívoco sempiterno.” Temer es desconfiar, desconfiar es alimentar la duda, dudar es la imposibilidad de decidir, y sin decisión no hay deporte ni equipo.

“Acostumbrarse a un destino es olvidar las posibilidades del draft.” Cada año es incierto, hay que dejarse llevar por el viento y disfrutar de sus corrientes; cada equipo nuevo es una oportunidad de cambio.

“Escoger el fútbol como pasión es elegir el camino del hombre libre; es decidir el sendero de los pasos inagotables.” Cuando se elige gustar del fútbol (que, de suyo, no es una lección, sino un instante estético que nos asalta), hay un amino al que ya no se puede renunciar y se descubre la manera de seguir avanzando.

Debo decir que la segunda parte, la de los aforismos, me causó ruido por el estilo en que estaban redactados y que se presentaba en la parte introductoria pero, a falta de más información, elegí creer que no había desconexión. Sin embargo, tiempo después haber escrito lo anterior, rastreé la adquisición del cuaderno por parte del dueño de esa biblioteca en Ayacucho. Me llevó a la ciudad de Puebla, en una librería de viejo. El que la atendía (que era además propietario de la misma) me dijo que recordaba haberle regalado ese cuaderno a un compañero peruano de la universidad, pero por olvido no le había dado el otro cuaderno, el que había dejado una familia francesa a la que hospedaron sus tíos hacía varios años.

Me mostró dicho texto, pues ya había adivinado que para mí tenía algún valor, así que tuve que pagar una cantidad quizá exagerada para adquirirlo. Al leerlo descubrí que la introducción de éste estaba escrita en español y la segunda parte en francés; además, la obra recién descubierta estaba firmada por H. R., pero en ningún sitio se develaba el significado de estas dos letras. Incluso, este nuevo texto no parecía del mismo orden que el primero, pues el título parecía más bien un esbozo de algo inconcluso: “Primera aproximación a la metafísica del fútbol”.

Tal vez me equivoco. Espero equivocarme, porque los aforismos no son precisamente geniales, como lo es la introducción. No quiero tampoco quitarle mérito a Gracioso Silva y un eventual trabajo cooperativo con H. R., por lo que esta vez sí me aventuro a decir que alguien quiso terminar aquel proyecto (fallidamente, pienso). Esto es aún más probable puesto que la caligrafía de los aforismos, a pesar de ser una copia bastante fiel a la de la introducción para el ojo no entrenado, tiene variaciones determinantes que nos permiten afirmar que esa segunda parte fue escrita por otra persona.

Éste es sólo un texto que introduce, a su vez, la espera de nuevos descubrimientos acerca de este proyecto del que se conoce muy poco aún.

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