Crónica de una afición a primera vista

Hugo Sánchez con los Pumas de la UNAM

Por Zaira Castillo Ledezma

Cuando me invitaron a ser parte de esta alineación estuve dándole vueltas al sobre qué podría escribir y finalmente me decidí por contarles un poco del cómo surgió mi afición por el fútbol.

No sé porqué hay personas que se llegan a sorprender cuando se me ocurre lanzar un apunte pambolero o discutir los partidos más destacados de la semana o, sobre todo, al decirles que fui al estadio con la camiseta bien puesta a alentar a mi equipo y no por acompañar a “alguien”. Si para mí ése es uno de los actos más simbólicos en el que se ingresa a un microcosmos independiente en el cual el fútbol es algo más que un deporte.

Pero tampoco crean que todo ha sido por generación espontánea. He de confesar que yo era de aquellas personas que creían que el fútbol era ver a “22 individuos corriendo tras un balón”, pero mi perspectiva comenzó a cambiar por un impacto estético. Durante alguno de los paseos escolares, de esos a los que prácticamente te obligan a ir, pasamos frente a una construcción imponente con la cual quedé fascinada debido a sus murales en relieve, las banderolas en derredor, los colores que la envolvían. No me pude quedar con la duda y pregunté qué era ahí, a lo que me respondieron “es el Estadio Olímpico Universitario, donde juegan los Pumas de la UNAM”.  Cierto es que no tenía ni la menor idea sobre qué me hablaban pero una espina se clavó en mí que poco a poco me orilló a investigar sobre aquellos tales Pumas que habitaban en lugar tan bello. Fue así como descubrí el segundo factor que me animó finalmente a seguir al equipo universitario: el jersey. Estamos hablando del año 2003, el jersey de local de los felinos era blanco, con las mangas y el puma del pecho en oro y delgadas líneas azules. Una playera con el logo más grande que sus patrocinadores terminó por conquistar mi pupila y mis gustos deportivos. Una playera que se mejora torneo con torneo y aumentando el tamaño de su Puma.

Estadio de fútbol CU UNAM

Hasta entonces no era más que un destello de interés lo que había en mí, y aún no entendía ni la mitad de lo que se trataba el fútbol, pero me crucé en el camino con un compañero que era integrante de La Rebel -una de las barras más conocidas que acuden sin falta a cualquier estadio donde juegue Pumas-, quien poco a poco me fue enseñando los cánticos, las cualidades de los jugadores, el cuerpo técnico; pero también qué es un “fuera de lugar”, un “tiro de esquina”, “un penalti”… De modo que poco a poco ya comencé a no ver únicamente “gente correr”, sino jugadas, formaciones, estrategias y, claro, a uno que otro jugador (dice esto mientras esboza un guiño).

Llegó el 2004 y con él el bicampeonato del equipo. Primero contra las Chivas del Guadalajara en propio estadio, y después contra Monterrey de visitante. Pero no fue sino hasta el 2005 que se me hizo conocer el cubil felino. En un partido de cuartos de final de la Copa Sudamericana contra los Corinthians de Brasil. Fue un partido de noche, y quizá por eso lo recuerdo tan bien, porque la iluminación le da un toque de misterio a la arquitectura y al deporte mismo. Esa noche grité por primera vez un gol en vivo, pero no sólo fue uno, sino tres, y cada uno se festejó de forma diferente y se sintió de forma diferente.

Antes de ir me dijeron que tuviera mucho cuidado porque la gente que asistía gustaba de aventar petardos, fluidos corporales, que eran “una bola de porros violentos” y no sé cuánta cosa; pero esa noche no sólo salí con la victoria de mi equipo, sino con la convicción de que quién no lo conoce por dentro, sólo se deja guiar por lo que escucha. Sí, hay una parte de ello que es cierta, y el tema de la violencia en los estadios es frecuente y de consideración hoy así como hace siete años, en cualquier sede de cualquier equipo a nivel nacional o internacional. Pero también hay algo más, y se trata de la comunión que se forma entre la tribuna y los jugadores gracias a los cánticos. Comunión que se crea desde que sale Goyo (la mascota universitaria) a organizar un “goya” general -el cual tiene que ser gritado a todo pulmón porque si no se repite-; continuando con la salida del equipo para entonar el Himno Universitario antes de cualquier ceremonia oficial; hasta que retumba el conocido “cómo no te voy a querer…”, minutos antes de terminar el encuentro. Yo ya me sabía gran parte de las porras, pero estar ahí y escucharlas en vivo junto con todos los tambores y trompetas hace que te recorra una sensación por todo el cuerpo y te fusione en un mismo espíritu, el de alentar, pase lo que pase, a tu equipo.

Desde ese momento he asistido de forma regular –aunque no tan constantemente como quisiera- ya en su tradicional horario, mismo en el que se observan todos los matices que tiene el Olímpico Universitario. Alguna vez asistí con el centrocampista y administrador de este espacio, quien, al ver que pasaban los vendedores con fotografías, pulseras, helados, comida de cualquier tipo, dulces y demás, me comentó: “sólo falta que pasen vendiendo juguetes”, acto seguido se acerca un vendedor con muñecos de peluche. Nunca voy a olvidar su cara y la carcajada que soltó al ser testigo de la realización de su propio imaginario. “Es el estadio más familiar”, me dijo, y tiene mucha razón porque, pese al tema de los “terribles porros destructores”, asisten familias (a veces completas) a disfrutar de un partido de fútbol. Una característica que espero nunca se pierda, pues es parte del misticismo que envuelve al cubil felino.

afición pumas

Desde hace siete años he vivido diversas experiencias en mis tribulaciones por el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. He visto ganar, perder y empatar a mi equipo; lo he visto dar partidazos y he visto cómo pueden llegar a jugar a nada; los he visto salir abucheados y salir vitoreados por toda la tribuna; los he visto jugar con todas las plazas de extranjeros llenas y también jugar únicamente con su cantera; le he gritado de todo a los jugadores rivales sin temor de que alguien te mal mire por las palabras expresadas y a los propios les he llegado a gritar que yo los amo más en respuesta a cualquier otra felina que se atreve a hacer lo mismo; incluso me han bañado en lo que sigo fielmente creyendo sea cerveza, y, después de todo eso, sigo en la determinación de creer que cada partido es único y se vive de forma irrepetible porque no se trata solamente de ir a ver un juego de fútbol, se trata de ver el juego y de ser parte de ese espíritu que se crea al apoyar a un equipo.

Y aquí viene la última confesión de este día. Cada quien vive el fútbol de la manera que más le gusta y yo, cuando acudo al estadio, lo vivo a flor de piel, en una transformación que, quien no está habituado a presenciar, se impresiona: jersey oficial (del cual me proveo cada torneo), aretes auriazules, corneta y orejas de puma, sí, orejas. Además, al calor del juego, si hay que cantar, cantamos, si hay que brincar, brincamos, si hay que abuchear al árbitro, se le abuchea, porque como dice un dicho por ahí, “al lugar al que fueres has lo que vieres” y todo es parte de ese espectáculo independiente al deporte.

Pumas clásico

Este es el origen y un poco de la historia de una extraña afición que comenzó por un impacto estético y terminó con un amplio interés por este deporte que tantas emociones nos regala en tan sólo noventa minutos.

¡Goya!

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3 thoughts on “Crónica de una afición a primera vista

  1. Grillo says:

    Zai, muy buen trabajo, te felicito, y ya que estamos en las confesiones, he de decirte, que mi amor a este deporte proviene por mi mayor ídolo, mi padre, el me enseñó las bases, lo vi jugar, lo vi ganar, empatar y perder…todo inicio desde el vientre de mi madre que lo acompañaba como parte de la porra.

    Coyotes Neza, ya despues vino el Chivas y mi amado equipo de los Rosoneros, y es que bien dicen que la sangre llama jajaja *bromea porque tiene apellido Italiano*

    Pero no sólo ha quedado en una afición, lo practico, saliendo campeón en la temporada pasada.

    Quien conoce de cerca este deporte sabrá que no hay grito más hermoso que el de GOOOOOOL!!! y te felicito, acabas de debutar con golazo, espero leer más de ti por aquí…

  2. Andrés says:

    Es una linda historia, yo tuve una similar, corría el año del 2002 y yo tenía 9 años apenas, entendía poco del fútbol y no sabía absolutamente nada de sus reglas, me llamaban la atención los rojinegros del Atlas porque se me hacía bonito su uniforme, pero jamás vi un juego de ellos ni me sabía si quiera el nombre de alguno de sus jugadores ni en que ciudad jugaban, llego el día que vino mi tio Poncho de visita, el es de Jalisco y le va a Chivas a morir, al comentarle que yo le “iba al Atlas” me dijo que me llevaría al Estadio Olímpico de C.U a ver a un equipo de verdad, era Sábado lo recuerdo bien, jugaba Pumas contra Chivas a las 5 de la tarde y aun no se porque se jugó ese partido a esa hora poco habitual para Pumas, entramos al Estadio y lo primero que me llamó la atenció fueron las porras, la de Chivas en Cabecera Sur del Estadio y la Rebel en mucho mayor cantidad brincando enfrente del Palomar dónde estabámos nosotros, ese partido fue mágico, cómo primera experiecia para un chamaco de 9 años en un Estadio podría decirse que fue el encuentro perfecto, ese día Pumas goleó a las Chivas por marcador de 7-1 con 3 goles de Mariano Trujillo, un gol de Alvaro “La Bola” González, un “gol” que nunca entro del Jimmy Lozáno y un pedazo de gol que jamás he visto uno similar en vivo en mi vida de Luis Ingancio “el Gonzo” González, un jugador medio barrigon pero que golazo metió, yo sólo veía la cara de frustración de mi tio mientras me explicaba los conceptos básicos del fútbol, ese día me explico igual lo que era un penal (Que falló Omar Bravo de Chivas por cierto) y al mismo tiempo se mordia los labios de la rabia de ver a su equipo perder de esa manera, al final del partido me dijo “Y bueno hijo ¿A que equipo le vas?” a lo que yo respondí euforicamente ¡a PUMAS! el solo sonrio y me dijo “bueno vamos a comprarte una playera” me compró mi primer playera de Pumas, que aun guardo con mucho cariño, es una dorada marca Nike con un puma en azul un poco pequeño, llegue a mi casa y le platique de esa experiencia mágica a mi hermano (que es 6 años mayor que yo y tampoco le gustaba el fútbol) y sólo me dijo ¿Que ganas con ver a 22 culeros atrás de un balon? Eso es de pendejos, paso el tiempo y yo seguía a Pumas no tan comunmente por televisión y me enteraba de sus resultados, mi hermano en esos tiempos ya iba en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel Numero 8 y ahí conoció a mucha gente, pero no fue hasta mediados de su primer año que conoció a los integrantes de “La Rebel Prepa 8” mi hermano empezó a ir por desmadre con ellos al Estadio pero poco a poco le agarró un enorme cariño al equipo de la Universidad, yo me quedaba en la primaria a “tareas guiadas” en las tardes/noches y el solía recogerme para irnos juntos a casa, pero un día llego a mi Escuela por mi y me dijo “¿Que pedo carnalito y sí me acompañas a ver a Pumas?” a lo que le respondí que estaba loco que mi madre lo mataría, el me respondió que no le importaba y me llevo en un camión con trapos colgados y banderas que nos recogió en Mixcoac con muchos de sus amigos, ese camión nos llevo directo al Estadio dónde llegamos y después de convivir y echar el coto afuera de C.U un rato decidimos entrar, fue un Miércoles, muy lluvioso, por la noche y el rival a vencer era América, empezó el partido, todos empezarón a saltar, a sacar bengalas y cuetones, a cantar y apesar de la lluvia nadie decaía y si alguién callaba el de a lado le gritaba “CON HUEVOS” le cantaban al equipo y le cantaban a la porra del América que venía en mediano número, yo quede asombrado porque C.U luce mucho de noche, esa iluminación como comentas hace ver todo muy misitico, todo transcurría muy a favor de nosotros al minuto 50 el equipo le ganaba 3-0 y llovían fluidos por todos lados, todo era extasis hasta que comenzó la agonía para nosotros.
    Cayó el primero, el segundo y a 5 minutos del final el tercer gol del América que nos alcanzaba de una desventaja de 3 goles en tan poco tiempo. Todos nos quedamos mudos del dolor y de la frustración, pero no duramos ni diez segundos así y fue cuándo vi a La Rebel más loca que he visto en mi vida, saltaban con tanta enjundia que hacían cimbrarse las tribunas, yo entendía poco, no me sabía las letras de los cánticos pero me contagiaba, mi hermano me cargo y me dio una bandera de Pumas que empece a ondear con gran fuerza, todos se comían las uñas, el tiempo transcurría y se veía más cerca el final, pero en el minuto 94 en un centro que casí salía de la cancha un cabezazo de … sí el Kikin Fonseca hacía que las gargantas de todos explotaran en extasis y júbilo por la victoria conseguida a costa del rival odiado que nos hacía burla desde la otra tribuna por haber perdido una ventaja de 3 goles, fue el segundo gol que más he gritado en mi vida (el de Verón en las semis vs Puebla CL09 fue el más cabrón que he gritado), mi hermano me abrazó y saltamos juntos el ♪Esta es la barra del Pebetero♫ fue un partido inolvidable, y ya sabrán mi mamá casí mata a mi hermano y a mi me regañó horrible por andar de dejado jaja, pero jamás me arrepentiré de haber ido con el porque es la experiencia más hermosa que he tenido, fue el día que me enamoré de Pumas y de su gente, el día que entendí que la afición era el jugador número 12 en la cancha y que eramos NOSOTROS una unión que nos hacía transmitir fuerzas y apoyo al equipo.
    Seguí llendo al Estadio con mi hermano cada 15 días al Pebetero, ví a Pumas campeón vs Chivas y festeje cómo nunca el triunfo sobre Monterrey, mi hermano después en 2005 tuvo problemas con mi papá y dejo de ir al Estadio por consiguiente yo también … El se fue a vivir solo y no sabía mucho de él porque mi padre le ponía unas chingas cada vez que nos visitaba, regresé al Estadio en un partido contra Cruz Azul, en el 2005, me llevó un amigo de mi hermano para que nos viéramos ahí, cuándo lo vi corrí y le di el abrazo más fuerte y sincero que le he dado a alguien, se me salieron las lágrimas y el me dijo que no llorará que era un momento feliz y que tenia que estar bien, me invito un refresco y vimos el partido, ese día Cruz Azul nos ganó 0-5 con 2 o 3 goles del Kikin no recuerdo muy bien, pero no me importo porque yo estaba con mi hermano, salimos del Estadio me llevo al parque y platicamos y platicamos. Mis papás me recogieron en el Metro Zapata que queda cerca del parque en dónde estuve con mi hermano y esa fue la última vez que fuí a la cancha con él. Meses después el se fue a EE.UU y nunca regresó, a veces nos llama y me manda dinero pero le es muy dificil venir porque esta de ilegal. Tarde masomenos un año en volver a ir al Pebetero, cuándo regresé con mis amigos de la Secundaria en 2006 Pumas ya tenía serios problemas de descenso pero siempre estuve ahí, desde ese día no los abandone, crecí y pude viajar a lugares de la República que jamás hubiera conocido de no ser por Pumas, Aguascalientes, Veracruz, Monterrey, Guadalajara, San Luis Potosí, Cancún, Chiapas, etc, etc. Viví muy de cerca los dos últimos campeonatos, el del 2009 fue grandioso, en la liguilla Pumas hacia todo muy cardíaco, el del 2011 fue inolvidable porque nos volvíamos a coronar en nuestra casa, y así fue, desde el 2006 hasta el 2012 falté a exageradamente 10 partidos y eso por enfermedad o vacaciones con la familia, etc. Pero siempre estuve ahí en parte porque amo a Pumas y en otra porque estando en el Pebetero y en otras canchas con mis amigos me sentía feliz, sacaba mis frustraciones y me sentía más cerca de mi hermano cómo cuando ibamos juntos al Estadio y nos acababamos la garganta ahí. Hace poco me salí porque en primera toda la gente que se juntaba conmigo decidió separarse de La Rebel y formar “La Union Auriazul” un proyecto que no me latió, en segunda La Rebel no es ni la mitad de lo que era antes y me da tristeza ver que todo esta en decadecia, ahora ya soy un muchacho de 19 años, ya crecí y he vivido con Pumas momentos inolvidables que me hacen sentir orgulloso, estudio en la misma prepa a la que fue mi hermano y voy ocasionalmente al Estadio, a veces al Pebetero y a veces a Planta Baja con mi novia o mis padres, pero todo lo que he vivido por seguir a este equipo NO LO CAMBIARIA POR NADA. Esa es mi pequeña anecdota de como empece a amar a estos colores.

    Saludos!

    1. Zai says:

      Andrés, ¡que historia! Gracias por compartir con nosotros esta otra parte de la vivencia en el estadio, que es la de estar plenamente en la barra, dando pie a que el resto de la tribuna los siga con los cánticos. Ojalá tu hermano y tú puedan pronto regresar a compartir una experiencia mágica en CU y sí, yo también grité ese gol de cabeza que metió Verón y que fue nuestro amuleto en esa liguilla, de forma tan eufórica que me has hecho revivirlo. Saludos, amigo, y ¡Goya!

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