De cómo viví el campeonato de la Selección de México en la Olimpiada de Londres 2012

Por Francisco Gabriel Ruiz Sosa

Cada que las olimpiadas se aproximan con sus justas deportivas, despiertan ilusiones y expectativas en los participantes y en la gente que apoya a sus países. México no es la excepción. No me voy a detener en dar mi opinión sobre si se lograron o no los objetivos planteados; si bien, para mí, se consiguió el más importante: la medalla de oro en fútbol.

México quedó en el grupo B. Los rivales de grupo eran la República de Corea, Gabón y Suiza. En su primer disputa, la selección mexicana empató a cero con los surcoreanos. Los asiáticos impusieron su estilo de juego, y no fue sino hasta finales del encuentro que los mexicanos asustaron a su similar, sin ocasionarle daño alguno.

El siguiente juego de la verde fue ante los africanos de Gabón, a quiénes superaron 2-0 con un doblete de Giovanni Dos Santos (mins. 62 y 92). Los mexicanos se midieron luego contra Suiza, venciéndolos por la mínima diferencia, gol a cargo de Peralta (min. 69). En los cuartos de final, en un juego emocionante, pero en los tiempos extra, México impuso su soberanía ante Senegal, con un contundente 4-2, luego de que en el tiempo regular empataran a dos goles en un juego que parecía resuelto por parte de los mexicanos tras un engañoso 2-0. Los goles por parte de México los hicieron Enríquez (min. 10), Aquino (min. 62), Dos Santos (min. 98) y Herrera (min. 109); por parte de los africanos, convirtieron Konate (min. 69) y Balde (min. 76), aunque a fin de cuentas, en balde fue su gol. Se venía Japón para las semifinales.

La idea de que México siempre pierde en las instancias finales no tardó en llegar al centro donde trabajo. Dos personas —por respeto no digo quiénes—, opinaron de manera tradicional: “México va a perder”. Pero la mentalidad de los futbolistas y de algunos aficionados mexicanos, sobre todo entre los jóvenes, ha cambiado mucho. Tenemos a un Chicharito haciendo goles en Inglaterra, a un Vela haciendo lo mismo en España y a otros que han ido a probar suerte y que de alguna manera, gracias a lo aprendido en el Viejo Continente, han venido a enriquecer significativamente el nivel de nuestro fútbol. Sólo las personas que se quedaron con esa idea primitiva y conformista siguen pensando que México no puede llegar más lejos, y me di cuenta de que, en mi trabajo, esos pensamientos antediluvianos siguen aflorando en las maceteras más duras. Como para darme la razón, México no sólo superó a Japón en semifinales con un magnífico marcador de 3-1, sino que le pegó a Brasil en la final 2-1. Soñé y, junto con los soñadores que compartieron mi sueño, la selección nacional nos concedió que aquella la ilusión se convirtiese en una realidad: éramos campeones olímpicos.

Recuerdo que durante el partido contra Japón grité en pleno trabajo el gol de Oribe Peralta, olvidando que estaba rodeado de mis compañeras administrativas de la Universidad Autónoma de Chiapas, además de una alumna mía de la universidad que, tras una conversación que tuvimos meses después, me hizo el favor de recordarme que era ella quien había presenciado mi euforia. Al día siguiente, me enteré de que había sido tema de conversación debido a mi manera de vivir ese partido de fútbol: de pie, emocionado y enfocando mi total atención hacia el televisor. Los goles corrieron a cargo de Otsu (min. 12) para Japón, mientras que para México capitalizaron Fabián (min. 31), Peralta (min. 65), y Cortés (min. 93). México obtenía su pasé para la gran final. Se venían los cariocas.

Presencié la final en casa. No sentía el título de campeonato hasta que México convirtió el 2-0. Por supuesto, no me gustó para nada el gol de Hulk (min. 90), convirtiendo para Brasil, lo que vino a ejercer en mí una muy fuerte presión y temor por que se diera el empate. Afortunadamente, no se dio, y el equipo Tricolor ganó la única medalla de oro para nuestro país en la Olimpiada de 2012. Los goles, para México, cayeron a cargo del Cepillito Peralta (seg. 30 y min. 74) y, para Brasil, el ya mencionado Hulk, en tiempo límite.

Acto seguido, la ceremonia de premiación. Acto que por nada del mundo pensaba perderme y que extasiado disfruté como nunca, como si de eso dependiera mi respiración, mi vida. La entonación orgullosa de mi himno nacional, el ver a mi país como el mejor equipo del mundo ante Brasil en Londres y en el deporte más bello y adorado del mundo: el fútbol. ¿Qué más podía pedir? Fui y soy extremadamente feliz cada que lo recuerdo y he aquí mi primer artículo sobre fútbol, mejor temática y experiencia no les puedo compartir. Gracias y que viva el fútbol.

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