La franja balcánica: el Puebla FC del otro lado del mundo

puebla rip

por Arturo Montoya

La península balcánica es un hervidero de culturas. No sólo las gestas religiosas, sino también la comida, se contrastan para dar lugar a un mosaico donde las conversaciones surgen espontáneamente de entre el café turco y las especias orientales. Agoran Pavić, famoso escritor yugoslavo, refiere un encuentro con un joven pelirrojo de aspecto descuidado y tímido con quien coincidió en una banca de Cetinje, en la actual Montenegro. El muchacho sostenía una revista impresa en caracteres latinos; C-a-m-o-t-e-r-o-s alcanzó a deletrear Agoran, sin comprender la palabra colocada en la portada sobre la imagen de un balón y lo que entendió como un escudo de futbol.

Tras notar la curiosidad del extraño, el joven lanzó una de esas confesiones íntimas que uno se permite únicamente con un completo desconocido. Vojimir era su nombre y había llegado a Cetinje para reunirse con unos empresarios americanos: “Dicen ser de México, tienen las manos calientes como de frotar rocas y sus voces resuenan lejos, pobladas de desvelos”. Vojimir era futbolista y los extranjeros querían contratarlo para que jugara con ellos en el Puebla. Agoran le dijo sin titubeos que aceptara, que los tiempos del glorioso Estrella Roja ya habían pasado y que su amada Yugoslavia se enturbiaba rápidamente por las ambiciones humanas. La modestia de cruzar el Océano Atlántico, repitiendo un camino análogo al de los exiliados camaradas que habían previsto las tragedias que advendrían con la muerte de Tito era sin duda honrosa, y quizás se tratase de la mínima parte de arena que hacía falta revolver para equilibrar las fuerzas cósmicas.

Ese torneo corto del Invierno 98, Vojimir Sindić debutó en la liga mexicana, formando parte de la infame Quinta Balcánica de croatas y yugoslavos de los que se auguraban grandes cosas. Sin duda fue la falta del buen café turco y la lejanía del mediterraneo, ausencia en el corazón eslavo que ni las cemitas poblanas podían remediar, la causa principal de su pobre nivel de juego. Vojimir, más sensible que el resto de sus compañeros, fue capaz de extraer fuerzas para jugar todos los partidos de esa temporada, mientras sus coterráneos eran condenados a la banca. En las entrevistas solía decir que la figura emblemática del General Zaragoza, cuya histórica victoria en la batalla de Puebla frente al ejercito francés comparada con el triunfo de Constantino en el puente Milvo, le dio ánimo en esos momentos difíciles.

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Bojimir Sivic vistiendo la del Puebla

La temporada siguiente, tras la partida de sus compañeros balcánicos, Sindić se derrumbó en la banca. Jugó sólo un partido más, un 1-1 contra el Monterrey el 9 de Mayo de 1999, marcador que derivaría en el descenso de “La Franja”. Al final, la realidad se impuso a la fe de Pavić y sus compatriotas. Yugoslavía se desmantelaba ante el bombardeo de la OTAN y Sindić volvía como un héroe trágico a casa para dedicar, sumido en el mutismo, el resto de su vida deportiva al F.C. Jedinstvo de la ciudad de Ub, en Serbia. Una fotografía de Ignacio Zaragoza con el nombre del general transcrito al cirílico sigue acompañándolo en el banquillo.

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