19 de junio / Brasil día a día21 de junio

Cinta-Brasil-2014

Por Juan Carlos Cabrera Pons

“Toda hegemonía tiene su fin”, afirma Zebadúa Carbonell en un artículo para este sitio, “y es bueno que así sea”.

El fútbol es un afortunado dador de metáforas para casi todos los procesos y dinámicas de la sociedad, y hace unos días presenciamos el debacle de un dominio histórico. Muchos habían intuido –con esa intuición presuntuosa y arbitraria del pronóstico deportivo– que el ciclo victorioso de la selección española había llegado a su fin. Ahora nos parece evidente que así lo sea, y creo que debemos sentirnos afortunados. Un día nuestros nietos van a querer que les contemos qué hacíamos el día que “el Niño” pateó finamente el balón sobre el cuerpo de Jens Lehmann; dónde estábamos la tarde en que el triunvirato Xavi-Busquets-Iniesta dominó el mediocampo alemán en una ciudad sudafricana; qué bebida sosteníamos en la mano el minuto en que Juan Mata cerraba la mítica (no dudo que la historia le dará éste u otro adjetivo similar a aquel 4-0) y abrumadora victoria contra la selección italiana.

Yo sé que una gran mayoría disfrutó ver el debacle español (créanme, pocos han gozado más que yo con la imagen de Íker Casillas en el suelo tras el segundo gol de Robben hace unos días). Sin embargo, creo que hay algo con lo que debemos tener cuidado: nadie quisiera ser recordado como el insoportable que llegó a ver la final de México 1970 mientras afirmaba que ese Pelé está sobrevalorado y que Brasil ya aburre; nadie aquí quiere ser el incauto que insistió en el medio tiempo que el Liverpool de Benítez podría irse a casa con el 0-3 en contra; nadie, se los prometo, va a aceptar en 20 años que la verdad ni quiso ver los partidos de España en la Euro del 2012 porque, al fin y al cabo, España –el país, su monarquía, su historia, su extraño uso de un idioma que declara suyo– les caía mal.

Y no, no se trata de apoyar al favorito; no digo que había que irle a España en ninguno de los tres torneos que ganaron en los últimos seis años –yo mismo no lo hice–. No, yo hablo de la historicidad del fútbol, de concebirnos como parte del tiempo, de –por un momento, y como hubiera querido Epicuro– no envidiar a quienes vivieron antes que nosotros ni sufrir por lo que experimentarán quienes no han nacido aún. La historia es un abismo profundo y negro (como la suerte del poeta), un espacio aterrador, mucho más grande que nosotros mismos, mucho más extenso que la más extensa de nuestras experiencias (la vida), mucho más extremo que caer 1-5 en el primer partido de un Mundial.

Lo que presenciamos –sobre todo los más jóvenes de nosotros– es lo que nos han contado sobre el Madrid de Di Stéfano, sobre el Benfica de Eusebio, sobre el Ajax de Cruyff y el Bayern de Beckenbauer; lo que España logró en los últimos seis años lo logró sólo el inalcanzable Brasil de Garrincha y Pelé, y apenas lo intentó la Francia de Zidane y Deschamps. Cada uno a su modo, todos los héroes del fútbol siguen un camino particular, pero la heroicidad de nuestro deportes es, como todo lo que tiene que ver con él, un hecho un conjunto: cada equipo descubre su destino a su manera. La ruta de España fue particularmente reconocible: el triplete Euro 2008/Mundial 2010/Euro 2012. ¿Podemos de verdad exigirle más pruebas a un grupo de talentosos futbolistas? Hoy, tras dos partidos, la Roja está eliminada del Mundial (siete goles en contra y uno a favor) y el universo futbolístico no duda en declarar la muerte del tiki-taka.

Hoy nos parece ya lejana la polémica de los cuartos de final de Corea y Japón 2002; pero más lejana nos parece aún la tarde en que Frank Rikjaard (apunten: un holandés alumno de Arrigo Sacchi) dirigió al FC Barcelona en una final contra el Arsenal de Henry y Bergkamp. Todavía más alejado nos parece el día en que “el Sabio de Hortaleza”, don Luis Aragónes (muerto a comienzos de este año), dejó a Raúl fuera de la convocatoria para representar a España en la Eurocopa de 2008, y le dio a los ibéricos un triunfo histórico. Él mismo lo llamó por vez primera “la generación del tiki-taka”. En esa onomatopeya tan bien construida, tan graciosamente sonora, queda representado mejor que en ningún otro grupo de palabras el gusto por el pase y el fino juego en el centro del campo que distinguió a la selección española del último lustro. Hoy todo eso nos parece lejano porque es ya parte de una historia que nos rebasa: la que será recordada, la que quizá nos olvide a nosotros que hablamos sobre ella.

Hoy Fernando Torres ya no es la sombra del delantero que fue para el Liverpool el 2009; ni Marcos Senna ni Carles Puyol se dedican al fútbol; España está fuera del Mundial en fase de grupos (al igual que lo estuvo la Francia de Zidane en 2002) y por todos lados sus detractores comienzan a buscar el comienzo del próximo ciclo.

19 de junio / Brasil día a día / 21 de junio

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3 thoughts on “20 de junio – El fin del tiki-taka

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