17 de julio / Brasil día a día / 19 de julio

Cinta-Brasil-2014

Por Juan Carlos Cabrera Pons

En mi despertador suena el “Nocturno a Rosario” en la versión de Héctor Montemayor. Ya escurre su luz entre las calles el sol de la ciudad. Abro la ventana, coloco los pies descalzos sobre el suelo. Hace algo de calor –me digo– y sacudo la cabeza mientras tanteo torpemente los primeros pasos del día. Le prendo fuego al café y calculo vagamente los minutos en el reloj de la pared. Todo lo que ocurre antes de que comience a rugir la cafetera es un mezcla anónima y homogénea de acciones ensayadas y pensamientos indiferenciables. No creo que mi rutina de la mañana sea distinta a la de la mayoría de las personas.

Me calzo los zapatos vacíos, me arremango la camisa deslavada, me apruebo frente al espejo. Camino a la parada mientras me acomodo los audífonos. Ayer fue el aniversario luctuoso de John Coltrane y me parece buena idea seguir recordándolo. Ayer fueron A Love Supreme, Ascension, Sound; hoy me siento un poco más nostálgico: elijo My Favorite Things. Escucho el largo solo de McCoy Tyner golpeando ligeramente con mi pie el suelo de la combi. Nada parece realmente novedoso en el trayecto. Los días en la oficina han sido particularmente lentos y largos desde la semana pasada. No quisiera hacer una apología hiperbólica sobre la ausencia del Mundial, pero lo cierto es que algo falta, algo que antes estaba y ya no quiere estar.

Yo he vivido pocos Mundiales, pero he entregado mi corazón a varios. Recuerdo 1994 sobre todo por la cola de caballo de Roberto Baggio y el vistoso uniforme de Gheorghe Hagi (mis primeros recuerdos del fútbol son siempre impresiones estéticas). 1998 fue quizá la primera Copa del Mundo a la que le puse atención concienzudamente. Me gustaban Edgar Davids y Luis Hernández. En la primaria suspendieron clases para que viéramos el Alemania-México, y con ese partido aprendí a perder. Aprendería a ganar hasta el próximo año, el día que el Toluca del “Ojitos” Meza levantara el trofeo frente al Atlas de Lavolpe. José Saturnino Cardozo fue el primero de mis verdaderos héroes.

Aun así guardo otros Mundiales como si fueran más cercanos, más míos. Me duele el gol de Gerd Müller en 1974 como si hubiera sido en la final del pasado domingo; todavía se me hace un nudo en la garganta, como anticipando un grito que está por contenerse, al pensar que Jorge Burruchaga podría desperdiciar la asistencia de Diego Armando Maradona; algo muy cercano a lo que Immanuel Kant llamó sublime presiona dentro del pecho cada que Robert Milla vuelve a robarle el balón a René Higuita. La historia es reescrita cada que la recordamos. La forma de la memoria altera las características de lo vivido. Todo a lo que el corazón se entrega nos pertenece de algún modo.

El fútbol es una muestra clara no sólo de que la dicotomía entre forma y contenido es un mero contrato ontológico, una forma de comprender la realidad que se nos escapa; sino también de que hace falta agregarle el atributo de la textura. No sólo de agua están llenos o vacíos nuestros vasos. Dos amigos golpean sus copas de vino rebosante mirándose a los ojos, la arena del reloj cae hasta un momento determinado, la forma del recuerdo es suave o puntiaguda. Mientras escribo estas líneas, es real, tangible y comunicable el genocidio en Gaza; todavía no sabemos quien sabe lo que ocurrió con el avión derribado sobre el espacio aéreo de Ucrania; en el cenado de nuestro país se aprueba reforma tras reforma tras reforma.

Mientras alguien lee esto, nuestro mundo comprueba su capacidad de ser terriblemente cruel y desigual. Uno quisiera creer que el fútbol puede ayudarnos; que el fútbol, inmensamente global, ampliamente abierto, asombrosamente simple, puede ayudarnos a trazar las rutas. Que así sea, depende de nosotros. Un día como hoy, pero en 1918, nació Nelson Rolihlahla Mandela. Pienso en la circularidad el año, en nuestra necedad de recordar las fechas, en los rincones ocultos de la memoria. Pienso en Mandela mientras vuelvo a casa y en los audífonos que no comparto, que me separan de las circunstancias del camino, suenan los últimos acordes de Giant Steps.

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One thought on “18 de julio – No olvida el corazón cuando se ha dado

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