16 de junio / Brasil día a día / 18 de junio

Cinta-Brasil-2014

Por Claudia Morales

No conozco Brasil, pero he estado ahí a través de los relatos de mi padre: “En Brasil hay frutas suculentas y extrañas”, me contaba. “Hay gente muy diversa: indígena, blanca, negra, asiática”, y yo intentaba imaginarme aquello. “Ahí el futbol es una cosa muy seria”, y yo pensaba en la imagen de un niño haciendo maravillas con un balón. Todo eso he oído de Brasil; sin embargo, más allá de esas opiniones dispersas compartidas por mi padre y de los estereotipos de los medios, sé muy poco de ese lugar. A ratos, me lo imagino extravagante y colorido como en la película animada “Río”, y otras veces creo ver la costa larga con casas portuguesas del siglo XIX, deterioradas y solas, como esperando a que sus antiguos dueños anclen en el puerto, como me describió mi padre la ciudad portuaria de São Luís.

No obstante, ahora, a través de las imágenes de las multitudinarias protestas (que llegaron a ser más de un millón en las calles de las ciudades principales) protagonizadas por los indignados ciudadanos brasileños en contra los servicios públicos caros e ineficientes y la corrupción de la clase política, puedo decir que, si bien no conozco la tierra del escritor Joaquim Maria Machado de Assis, la entiendo. Entiendo la impotencia que hierve en el cuerpo, cuando ante el hambre y la pobreza se retocan las calles con jardines falsos y monumentos estériles. Entiendo el coraje, que puede causar que ante las colas interminables del servicio de salud, se paguen spots millonarios, en los que folklóricamente se exalta la belleza natural de la tierra y las bondades de las fatigadas selvas. Y lo entiendo bien porque vivo en México y, en particular, en Chiapas. Lo entiendo y me inquieta.

Porque los dramas de una favela en Brasil no me parecen diferentes de los que transcurren en la periferia de cualquier ciudad mexicana. Esta idea la reafirmé recientemente al ver el documental llamado “Cinderellas of the slums”, del programa Secrets of South America de la BBC. En este capítulo, dedicado a Brasil, se sigue la preparación del baile de quinceañera de dos chicas: una proveniente de una favela y la otra de los condominios con circuito cerrado de las zonas exclusivas de São Paulo. A través de esta historia podemos dar un vistazo a la vida de Ana Luize, una joven de catorce años que con un ensayo gana la oportunidad de tener un baile de quinceañera organizado por el gobierno. Una noche en la que ella puede “ser especial”. Así, en el documental, seguimos a Ana Luize, tímida y seria, a su prueba de vestido y vemos cómo sus ojos se iluminan al verse en el espejo “nunca imaginó que podía tener algo tan bonito”.

¿Qué pasa después? Nada, Luize tendrá que quitarse el vestido prestado, entregarlo y regresar a la casa en la que cuida a sus hermanos menores, pues su padres fueron “daños colaterales” (así les decimos en México) de un enfrentamiento entre narcos. Pienso que la organización del Mundial (en Brasil como ocurrió en México), en las manos corruptas de gobiernos corruptos, sigue esta misma lógica. Una noche de cenicienta, en la que se intenta vender a los ciudadanos que se es (¡por fin!) parte del coro de naciones. Dignos de ser un escenario mundial, como un país de “primer mundo”, reafirmando una idea colonialista: la del lugar exuberante y exótico que, pese a sus bellezas naturales, debe “estar presentable” para los ojos extranjeros, aún a costa de los propios ciudadanos.

Pero, momento, ¡esto no es culpa del fútbol! Ojalá fuera sólo un asunto de fútbol. Se trata de un sistema económico y político en el cual la única forma de organizar —incluso un evento deportivo—, es convertido en dinero: ilusiones, esperanzas, cuerpos y vidas que aquí y allá aman lo que importa del juego: la belleza de una jugada y la celebración desinteresada con extraños en un bar. Sin embargo, los brasileños dejan en claro al mundo que no están dispuestos a levantarse mañana con la resaca de la fiesta. No lo están y, en mi imaginario de sus colores y sus gentes, crecen en mí: dignos y cercanos.

16 de junio / Brasil día a día / 18 de junio

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One thought on “17 de junio – Cenicientas y fútbol

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