14 de junio / Brasil día a día / 16 de junio

Cinta-Brasil-2014

Por Homero Ávila Landa

Mi pasión futbolera de antaño, sobre todo la asociada con el arranque de un mundial, esta ocasión no ha tenido lugar. Quizá ello se debe a que la colonización del internet en mi vida cotidiana causó esta especie de escamoteo a mi histórico apasionamiento nervioso previo a la patada inicial de que soy víctima.

Estar al tanto de lo que sucede minuto a minuto, lo que es posible en esta era digital donde las TICs (tecnologías de la comunicación y de la información, cada día de mayor almacenaje, portabilidad y conectividad) se vuelcan al fútbol en general y al mundial Brasil 2014 en particular, me eliminó ese fuego lento del delirio que de chico no me dejaba dormir conforme se acercaba el comienzo de la justa mundialista. De modo que esa exaltación incontenible cebada por la ilusión in crescendo nomás no ocurrió esta vez. En cambio, me sucedió que desde hace cuando menos un semestre cada hora, o menos, cedí al impulso de echar un ojo a las redes y los medios electrónicos, no fuera que me perdiese alguna noticia bomba relativa a selecciones y seleccionados.

Acaso inconscientemente esperaba la noticia que alterase mi estado antes de ese silbatazo que lo desata todo para mí en materia de emociones asociadas con el rodar del mundo mediante un balón. Pero nada, los medios electrónicos nacionales hablaron preferentemente del Tri, o más bien mis ojos se fueron irremediablemente sobre las notas tricolores… Además, ciertamente no me afané en otros universos futbolísticos. Aun teniendo informática y comunicacionalmente a la mano el planeta entero, reduje mi interés a lo doméstico. Finalmente la gran noticia no sucedió ni en el futbol local ni en el global. Tiempo perdido, demasiado quizá.

Pero no nos confundamos, esa falta de sorpresas y alteraciones no hallada en la red de ningún modo han afectado mi emoción por el juego, por el Mundial, por verlo, pues. Mi desmedido interés sigue allí, firme, provocándome el retumbar del pecho como cuando era chico; mocoso que a los diez de edad ya sólo entendía la vida social desde el balón y el campo de juego. De entonces proviene una lección vital: la memoria futbolera es cabrona, pues en mi caso aún se recrean intensas, determinantes jugadas, vistas unas y realizadas otras. Por eso no me parece exagerado confesarles que en cada Mundial siempre abrigo esperanzas de asistir a hazañas inéditas. Es por eso ahora que recién me pregunté si tecnología mata ilusión, respondí que no, o no en mi caso.

¡Pero claro que me he enterado de las protestas, las huelgas, las marchas, las demandas, los atropellos!, ¡Y claro que sé de la hijoeputez del poder que usa la ilusión y la necesidad de diversión asociadas con el juego del hombre, como lo llamara el gran cronista Ángel Fernández! Pero para el evento específico que nos congrega, no puedo dejar de creer que los chicos, sobre todo los del amplio bloque que no es del primer mundo, pisaron piedras, metieron la pierna, y al final no todos llegaron, imposible que así fuese. Y los que llegaron, bien o mal, de algún nodo que no sé definir, pero me representan, o me siento representado en la tenacidad, en el juego.

Quizá los afortunados, los más correosos, los predestinados están allí, sobre el pasto, dispuestos a entregarse. Seguro que varios tienen cuentas pendientes con la vida, con sus raíces, con sus plurales extracciones y proveniencias igualadas en el barrio, el charco, la sed y el hambre de vida que en el Mundial es hambre de gol. Las millonadas y luminosidad de unos y la sombra y anonimato de otros, pienso, no pueden extinguir la fiereza necesaria para estar allí, sobre el pasto y tras la bola de la tómbola vida que muy pocas veces ofrece cancha pareja.

En cuanto al innegable negocio que es hoy el fútbol asociado, tampoco obvio a los tiburones que lo devoran. Así es que no desconozco el peso del dineral alrededor del balompié profesional, la conversión en marca que hace de muchos jugadores, equipos y selecciones productos de altas rentas; tampoco soy ciego a los mecanismos que hacen del ciudadano común un consumidor enloquecido que llena las bolsas de los mercaderes del fut. Lo acaban de repetir Maradona y Stoichkov en el programa De zurda que transmite Telesur desde Venezuela: esto de la FIFA es un cochinero.

Pasa que, aunque se juzgue mal, uno igual y es romántico; en mi caso por ello digo que aún busco el dribling inolvidable, aún me alienta el gol, dramático o esplendoroso; todavía espero mi grandioso, inolvidable triunfo… Deseo éste último subrogado al nombre y número que sea, pero que sea.

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One thought on “15 de junio – De pasión y confesión futbolera en la era digital

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