12 de julio / Brasil día a día / 14 de julio

Cinta-Brasil-2014

Por Josué Hernández

Messi iba a cobrar la que sería prácticamente la última acción del partido, de pie junto a un exhausto Schweinsteiger que apenas podía ponerse de pie. La escena y la pausa que nos brindaba la tensión dejaron volver, en un instante, las imágenes de un mundial que acababa.

El gol de Götze nos regaló una última exaltación de la contienda entre selecciones y, en ese júbilo, se desvanecían simultáneamente el siete a uno de Alemania contra Brasil, los penales atajados de Romero y los episodios anteriores que fueron creando esa sensación particular que adereza la final.

La maquinaria alemana contra la maquinaria argentina; la segunda quizá menos visible, pero maquinaria al fin. Ver a Mascherano como una aparición fugaz que contenía el ataque alemán, a toda la defensa albiceleste cerrándole los espacios, fue casi como disfrutar las jugadas que intentaban convertir en un gol.

Alemania, por otra parte, hizo lo que a muchos les faltó: no rendirse ante el juego pesado al que Argentina obliga a sus oponentes. El fútbol es también paciencia, una paciencia que, en la costumbre creada entre la afición, se ve cada vez más acotada ante el privilegio de los goles pensados sin grandes juegos. Hay partidos aburridos y hay partidos de grandes estrategias; éste fue uno de los del último tipo.

Alemania hizo despliegue de gran fuerza física, aguantando los embates de Lavezzi, Higuaín y Messi. La defensa también juega y, creo, es momento de entender como aficionados el juego complejo o, por lo menos, de no juzgar tan fácil un buen partido sólo por la ofensiva de los equipos. Argentina cerraba los espacios; Alemania volvía al medio campo, y hasta a Neuer, para recomponerse e intentar romper al oponente por otro lado.

Veía el partido y algo del juego entre España y Holanda asomaba en Alemania y Argentina, quizá como la consagración de los estilos propuestos por las dos primeras selecciones. ¿El fin del tiki-taka? No lo sé, como tampoco sé si el juego argentino será el nuevo estilo dominante. Lo que pienso es que las estrategias de juego enfrentan un nuevo reto por establecer salidas y propuestas.

Se acabó el mundial y ahora el vuelco a la cotidianidad es inevitable. Las competencias mundialistas, es cierto, no son accidentales, los partidos tampoco, ni las fechas, pero hay algo en el entretenimiento que no se deja aprehender y se erige como imágenes deleuzianas de afección, imposibles de definir, de entender en el momento en que aparecen y nos circundan. Es una manera de resarcir la tendencia definida de actuar, de entender y determinar las cosas. Es algo sano y, más allá de la mercadotécnia, el aburrimiento o cualquier calificativo negativo, el fútbol, igual que otros eventos, nos lo recuerda.

Es difícil decir algo. Mucho se irá diciendo en estos días, incluso en este momento. Al inicio del mundial mencioné que el fútbol revela mucho, y que hay momentos de disfrutar el fútbol por el fútbol mismo. Éste es uno de ellos, al menos para no zanjar el asunto tan fácil y dejar que las imágenes fluyan, inasibles, dispersas e involuntariamente, desvanecidas para aparecer, eventualmente, en una que otra borrosa tarde.

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One thought on “13 de julio – Todo lo sólido se desvanece

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